Estudios e investigaciones
DOI: 10.11600/rlcsnj.23.2.6670
Conductas sexuales en jóvenes: percepción de riesgo y creencias sobre el alcohol*
Sexual behaviors among young people: risk perception and beliefs about alcohol
Comportamentos sexuais entre jovens: perceção de risco e crenças sobre o álcool
María Aranda Ph. D.1 0000-0003-1905-8379
Junes Lady Robles Ph. D.2 0000-0001-6809-0012
Beatriz Montes-Berges Ph.D.3 0000-0001-7945-1370
1 Universidad de Jaén, España. Doctora en Psicología, Universidad de
Jaén (España). Profesora
titular del Departamento de Psicología de la Universidad de Jaén. 0000-0003-1905-8379. H5: 8. Correo electrónico: aranda@ujaen.es
2 Fundación Sinergia Ecuador, Ecuador. Doctora en
Psicología, Universidad de
Jaén (España). Coordinadora de proyectos. Fundación Sinergia Ecuador,
Guayaquil, Ecuador. 0000-0001-6809-0012.
H5: 3. Correo electrónico: jlra0008@red.ujaen.es
3 Universidad de Jaén, España. Doctora en Psicología, Universidad de
Jaén (España). Profesora
titular del Departamento de Psicología de la Universidad de Jaén. 0000-0001-7945-1370. H5: 11. Correo electrónico: bmontes@ujaen.es
Recibido: 30.07.2024 Aceptado: 29.10.2024 Publicado: 25.04.2025
Resumen
Este estudio, con un diseño analítico-observacional
transversal, describe las conductas sexuales de riesgo de jóvenes ecuatorianos,
como el inicio temprano de las relaciones sexuales, el uso inconsistente del
preservativo, junto con un elevado número de parejas sexuales. Además, analiza
el efecto de las expectativas sobre el alcohol, las percepciones de
riesgo/protección, y variables socio-demográficas. Participaron 838 jóvenes,
Medad = 19.7, 48% mujeres. El inicio sexual más temprano se dio a los 10 años.
Más de la mitad de la muestra no usó preservativo en la primera relación sexual
ni en las siguientes. Los comportamientos sexuales se relacionaron con la
percepción de riesgo. Se encontraron asociaciones entre la percepción del
riesgo y de protección con las expectativas sobre el alcohol. El género y la
zona de procedencia influyeron en las respuestas.
Palabras clave: Comportamiento
sexual; actitud; percepción; alcohol; jóvenes; factores de riesgo. Tesauro
de Ciencias Sociales de la Unesco.
Abstract
This
study used a cross-sectional observational analytical design to describe aspects of sexual behavior among Ecuadorian youths including early initiation of sexual relations, inconsistent use of condoms and a high number of sexual partners. The authors analyze
the effects of alcohol expectancies, risk/protection perceptions, and sociodemographic variables based
on a study that had participation from 838 young people with an
average age of 19.7 years old and 48% of whom were women.
The earliest initiation of sexual relations was at 10 years of age. More than half of the sample
did not use a condom in their first or subsequent
acts of sexual intercourse.
The study found that sexual behaviors were related to risk perception. Associations were identified between risk and protection perceptions and expectations about alcohol while the authors
showed that a participant’s gender and area of origin influenced their responses.
Keywords: Sexual behavior;
attitude; perception;
alcohol; youth; risk factors.
Resumo
Este estudo,
com delineamento analítico-observacional transversal,
descreve os comportamentos sexuais de risco de jovens equatorianos, como início precoce de relações sexuais, uso inconsistente de preservativos e alto número
de parceiros sexuais. Além do mais, analisa
do efeito das expectativas em relação
ao álcool, das percepções de risco/proteção e
das variáveis sociodemográficas. Participaram
838 jovens, Medad = 19,7, 48% do sexo feminino. A primeira iniciação sexual foi aos 10 anos de idade. Mais de metade da amostra não usou preservativo na primeira relação
sexual ou nas relações sexuais subsequentes. Os comportamentos sexuais estavam relacionados à percepção de risco. Foram
encontradas associações entre percepções
e expectativas de risco e proteção em relação ao álcool.
Gênero e área de origem influenciaram as respostas.
Palavras-chave: Comportamento
sexual; atitude; perceção; álcool; jovens; fatores de risco.
Introducción
En el contexto de las actitudes
se ha encontrado que el
consumo de alcohol afecta la toma de decisiones, incrementa la desinhibición y
aumenta la sensación de invulnerabilidad (Caballo et
al., 2017; Geoffrion & Esteves, 2023). Además,
especialmente en jóvenes, se le considera un catalizador de otras conductas que
amenazan la salud como son las prácticas sexuales de riesgo (Michelini et al.,
2021; Vargas et al.,
2021). Esta asociación es especialmente amenazante considerando el elevado
consumo de esta sustancia entre los jóvenes desde edades muy tempranas y el
incremento que produce en conductas
sexuales de riesgo (en adelante, CSR), incluyendo
violencia y agresiones de pareja, como consecuencia de sus efectos (Organización
Mundial de la Salud [OMS], 2024; Who & Yang, 2023). Estos comportamientos
comprenden el inicio temprano de las relaciones sexuales, el cambio frecuente
de pareja, relaciones sexuales bajo el efecto de sustancias y sexo sin
protección (Mirabal-Martínez et al.,
2024); lo que compromete seriamente la
salud biológica y psicológica de la población, especialmente de las personas
jóvenes y aquellas que
presentan factores de vulnerabilidad (económicos, sociales, etc.; Naciones
Unidas & Plataforma de Colaboración Regional de las Naciones Unidas en
América Latina y el Caribe [ONU & RCP LAC], 2024).
Partiendo de la relación entre
ambas conductas y sus efectos negativos, otro grupo de investigaciones se ha
centrado en determinar los mecanismos subyacentes que
explican tal vinculación. Como se ha mencionado, el incremento de la
desinhibición y la sensación de invulnerabilidad alteran la toma de decisiones
responsables (Caballo et al.,
2017; Geoffrion
& Esteves, 2023), lo que
facilitaría la realización de CSR. Sin embargo, estas conductas tienen lugar
incluso bajo ingestas reducidas de alcohol que
no producen depresión en el sistema nervioso central y que,
por lo tanto, no supondrían la presencia de desinhibición (Planas-Ballvé et al.,
2017). Entonces, habría que
considerar el papel de variables cognitivas relacionadas con las percepciones.
Aunque ha sido un ámbito menos
explorado, entender cómo sienten y piensan los adolescentes y jóvenes acerca
del efecto psicoactivo del alcohol, su significado
social, las expectativas hacia el éxito social y sexual, es crucial para
avanzar en la prevención.
En
el estudio de Sánchez et al. (2018), el 49% de adolescentes
ecuatorianos participantes, indicaron estar de acuerdo en que el consumo de alcohol y otras drogas
afecta a la salud y el 89.6% consideraban que incrementa problemas familiares y sociales; sin embargo,
más del 50% creía que podían dejar de consumir alcohol cuando lo deseasen.
La relación entre la percepción del riesgo y el inicio del consumo de alcohol u
otras drogas se basa en aspectos subjetivos como los perceptivos,
experienciales, cantidad y calidad de la información, así como creencias y
estereotipos (Fierro et al., 2023; Robles et
al., 2017; Sánchez et
al., 2018). Fierro et
al. (2023) en su
revisión sistemática de estudios en países Latinoamericanos (México, Colombia,
Brasil, Nicaragua, Argentina, Chile y Cuba), concluyen que tener una baja percepción del
riesgo que
supone la ingesta de alcohol o realizar determinadas conductas sexuales, junto
con una alta sensación de control, incrementan la posibilidad de realizar
comportamientos que implican una amenaza a la salud. Aunque la relación ha sido menos
explorada, es posible que las expectativas positivas —generadas por mitos sobre
el alcohol— del efecto de esta sustancia en la vida sexual incrementen la
ingesta intencional de esta sustancia, lo que a su vez aumenta las CSR (Redondo-Marín et
al., 2021).
Así
mismo, varios estudios han relacionado la percepción de riesgo sobre
determinadas conductas sexuales (como el uso inconsistente del preservativo) y
las creencias y expectativas sobre el consumo de alcohol con ciertas variables
sociodemográficas,
como el género, la edad o la etnia. Respecto al género, estudios realizados en
diversos países (entre ellos, Paraguay, Chile o Colombia) encuentran que los hombres utilizan en mayor
medida el preservativo como medida de protección de su salud en comparación con
las mujeres (Bouniot-Escobar et
al., 2017; Sandoval et
al., 2024). Este
resultado ha sido replicado en otros contextos geográficos, como zonas rurales de Ecuador,
donde las mujeres usaban de forma más inconsciente el preservativo que los hombres; estos, por su parte,
tenían un mayor número de parejas sexuales (Pérez et
al., 2018).
Los
patrones socioculturales de género juegan un papel fundamental en la
comprensión de esos resultados. Como señalan diversos estudios en jóvenes
latinoamericanos, los chicos y chicas aprenden e incorporan actitudes
ambivalentes que
combinan roles de género tradicionales (donde los hombres tienen la obligación
de ser sexualmente activos y ostentar cierta posición de poder y decisión), con
otros más igualitarios en los que las diferencias de estatus entre mujeres y hombres se
diluyen (Barragán-Pérez & Fouilloux Morales,
2021; Castillo-Núñez et al., 2024) Estudios relacionados con
grupos étnicos mostraron que las relaciones sexuales entre la población indígena
ecuatoriana y afroecuatoriana, especialmente aquellas asentadas en zonas rurales, se
dieron en un marco de violencia y abuso de poder que potenciaba la presencia de CSR
(Boira et al.,
2016; International Work Group
for Indigenous Affairs,
2022; Nava-Navarro et al., 2017), entre ellas, el inicio
temprano de las relaciones sexuales (11 años o antes; Ocaña et
al., 2021) y
relaciones sexuales bajo los efectos del alcohol (Boira et
al., 2016).
Desde
una perspectiva cognitivo conductual, los modelos y teorías han explicado la
vinculación entre las creencias en torno al consumo de alcohol y las decisiones
sobre su consumo, especialmente en el contexto de las relaciones íntimas (Ajzen & Fishbein, 1980; Brown
et al.,
1987; García-Andrade et al., 1996). Específicamente, las creencias y los mitos
sobre la relación entre alcohol y éxito social o íntimo, como considerar que su consumo conlleva mejores
interacciones sexuales, determinan su ingesta entre adolescentes y jóvenes en
el contexto de las relaciones sexuales (Saura et al., 2019).
Los
datos anteriores reflejan el alcance y relevancia del tema, convirtiendo el
consumo de alcohol y las prácticas sexuales de riesgo en un problema de salud
pública (OMS, 2024). Indagar en las variables que subyacen a la asunción de CSR o
protectoras por parte de los jóvenes es fundamental para orientar estrategias
de prevención e intervención. Por ello, en el presente estudio se plantearon
los siguientes tres objetivos: en primer lugar, describir las conductas
sexuales de jóvenes ecuatorianos y analizar la relación entre las creencias
sobre el consumo de alcohol y las percepciones de riesgo en torno a los
comportamientos sexuales. Se espera que las actitudes basadas en mitos y estereotipos, así
como las expectativas sobre el consumo de alcohol con una visión irreal e
idealista sobre sus efectos estarán relacionadas con un número mayor de las CSR
analizadas. En segundo lugar, evaluar si existen diferencias en las CSR como el
inicio temprano de las relaciones sexuales, el número de contactos sexuales o
el uso del preservativo, en función de las expectativas sobre el consumo del
alcohol y las percepciones —de riego o protección— respecto a conductas
sexuales, así como de las variables sociodemográficas de género, edad, etnia y
procedencia rural o urbana. Esperamos que una baja percepción del riesgo o protección que comportan algunos factores se
vincule con más CSR. Así mismo, se anticipa que las mujeres, las personas más
jóvenes, las procedentes de zonas rurales y las etnias presentarán menos
percepción del riesgo respecto los comportamientos sexuales, altas expectativas
(irreales) hacia el consumo de alcohol y mostrarán más CSR. Finalmente, para
conocer la relación completa y compleja entre el máximo número de variables, se
consideró como objetivo el establecimiento de un mapa de asociaciones conjuntas
de las conductas sexuales y las variables actitudinales (percepción de riesgo
para conducta sexual y expectativas sobre el consumo de alcohol).
Se
diseñó un estudio observacional descriptivo para responder a los objetivos
propuestos. Los resultados y su discusión permitirán conocer los
comportamientos sexuales de riesgo de los jóvenes ecuatorianos participantes y
establecer la influencia que puede tener sobre dichas conductas la percepción de
riesgo y las expectativas acerca de los efectos del alcohol en las relaciones
íntimas.
Método
Participantes
Para
su selección se utilizó un muestreo no probabilístico intencional. La muestra
estuvo constituida por estudiantes universitarios de dos instituciones
educativas públicas de nivel superior de las provincias de Guayas y Los Ríos de
Ecuador (N =
838). El rango de edad osciló entre 16 y 25 años (M
= 19.7, DT
= 2); 436 eran
hombres y 402 eran mujeres. El 48.4% procedía de áreas urbanas y el 51.6% de
áreas rurales. La distribución de la muestra por carrera de estudio fue la
siguiente: Agronomía 41.6%, Ingeniería en Sistemas 16.5%, Ingeniería Comercial
13.7%, Enfermería 12.3%, Terapia Respiratoria 5.5%, Administración de Empresas
4.5%, Nutrición Humana 3.5% y Optometría el 2.4%. Respecto a la auto-identificación étnica entre los pueblos y
nacionalidades reconocidas en Ecuador (Alcedo & Quito, 2021), la descripción es la
siguiente: mestizo/a (41.1%), montubio/a (38.4%), afroecuatoriano/a (7%),
indígena (6.1%), cholo (3.3%), blanco/a (1%) y otra (3.1%).
Instrumentos
Escala de percepción del riesgo para conducta sexual en jóvenes ecuatorianos
(EPRCS) (Robles et
al., 2022)
Contiene
27 ítems y evalúa 4 factores implicados en las CSR o de protección para la
salud: 1) percepción del participante sobre el riesgo que implica la práctica de ciertas
conductas sexuales (α =
.93); 2) percepción sobre el uso de preservativo en las relaciones sexuales (α
= .85); 3) percepción
acerca del conocimiento sobre los antecedentes sexuales de la pareja (α
= .82); y 4) percepción
sobre el riesgo de proveerse de información sobre sexualidad de diferentes
fuentes (α =
.75). Frente a su interpretación, sus autores indican que, en los factores 1 y 4, a mayor
puntuación, mayor percepción de las conductas sexuales evaluadas como un riesgo
para la salud de la persona. Por su parte, los factores 2 y 3 miden la
percepción de las conductas protectoras; por tanto, «a mayor puntuación, mayor
percepción de la conducta como protectora de la salud» (Robles et
al., 2023, p. 17). La
fiabilidad total de la escala fue α
= .91.
Cuestionario de expectativas
hacia el alcohol (AEQ, por sus siglas en inglés; Brown et al.,
1987)
Se empleó la versión adaptada en
México por Mora-Ríos et al. (2000)
para medir las creencias sobre el consumo de alcohol y sus efectos en
estudiantes universitarios. El instrumento consta de 51 ítems con respuestas
tipo Likert (desde 1 «nada de acuerdo» a 5 «totalmente de acuerdo»). Evalúa, a
través de ocho dimensiones, la percepción que tienen
los y las jóvenes sobre los efectos que les
produce el consumo de alcohol en diferentes áreas, así como creencias o mitos
generales sobre sus consecuencias (Barrón, 2016): a) interacción grupal (α
=
.95); b) expresividad verbal (α = .95); c) desinhibición (α
=
.93); d) incremento de la sexualidad (α = .97); e) reducción de la
tensión psicológica (α = .96); f)
reducción de la tensión física (α
=
.92); g) agresividad y sentimientos de poder (α =
.97); h) cambios psicofisiológicos
(α = .92). La fiabilidad
del cuestionario total fue de α = .98. A mayor puntuación, más
positiva será la percepción sobre los efectos del consumo de alcohol, así como
más estereotípicas serán sus creencias.
Cuestionario sobre datos
sociodemográficos y conductas sexuales
Se elaboró un cuestionario ad
hoc que recogía datos sobre la
universidad, carrera, edad, género, etnia y zona geográfica
de procedencia. Además, recababa información sobre la experiencia sexual a
través de las siguientes interrogantes: «¿Has tenido relaciones sexuales alguna
vez?». Si la respuesta era afirmativa se
pasaba a las siguientes preguntas: «¿A qué edad
tuviste tu primera experiencia sexual?», «¿cuántas parejas sexuales has tenido
en el último año?», «¿usaste preservativo en tu primera experiencia sexual?»,
«¿utilizas preservativo cuando mantienes relaciones sexuales?».
Procedimiento
Se solicitó por escrito la
autorización a las universidades participantes previa a la aplicación de los
instrumentos de medida y a la lectura y firma del
consentimiento informado de los estudiantes, siendo voluntaria su
participación. Además, se garantizó el anonimato en los cuestionarios, la confidencialidad
y privacidad de la información siguiendo los principios de la American Psychological Association y
cumpliendo los principios éticos en esta investigación. Los potenciales
participantes leyeron inicialmente información acerca de la institución y
personas responsables de la investigación (así como una forma de contacto), objetivo del
estudio, derechos de los participantes (voluntariedad, anonimato, derecho a
abandonar el estudio y a obtener información) y las indicaciones acerca del
tratamiento de datos. En concreto, respecto a este último aspecto, se señalaron
las medidas para asegurar la protección de datos y confidencialidad: 1) los datos se
recolectan de manera ética y respetuosa de la privacidad, almacenándolos en un
archivo protegido por contraseña con copias de seguridad periódicas; 2) acceso
restringido a los datos (solo las investigadoras y, en su caso, miembros de los
comités científicos
de revistas de investigación, tendrán acceso a los datos; 3) los datos están
sujetos a la Ley Orgánica 3/2018 de Protección de Datos Personales y garantía
de los derechos digitales, además de seguir las directrices del Código de
Buenas Prácticas en Investigación de las universidades participantes.
Posteriormente, tras la lectura de la hoja de información, se precedió a la
lectura y firma
del consentimiento informado. Los cuestionarios fueron respondidos de forma
colectiva, en sus respectivas aulas y durante las horas de clase, con el
acompañamiento de una investigadora y en un tiempo aproximado de sesenta minutos.
Análisis de datos
El análisis de los datos se
ejecutó mediante el programa SPSS Statistics (IBM v.
25). Inicialmente se realizaron análisis descriptivos para los datos
sociodemográficos y de conducta sexual. Para
determinar si existían diferencias en las CSR atendiendo a la percepción del
riesgo para conducta sexual (en sus cuatro dimensiones) se empleó el análisis
de varianza. En la variable «número de parejas sexuales» con más de dos
niveles, se realizaron comparaciones post hoc mediante
la prueba de Tukey debido a su versatilidad y capacidad para controlar el error
tipo I (Abdi & Williams, 2010). El mismo esquema
de análisis se empleó para el estudio de las expectativas hacia el alcohol (en
sus ocho dimensiones) y las CSR. El estudio de las diferencias en las CSR
atendiendo al género, edad, etnia y zona geográfica
de los participantes se ejecutó a través de un análisis de contingencias.
Finalmente, se aplicó el
análisis de correspondencia múltiple (en adelante, ACM) para determinar la
estructura subyacente del conjunto de datos. El ACM es una herramienta
fundamental para analizar espacios relacionales y unidades de análisis
(variables categóricas), así como para ilustrar y analizar una multiplicidad de
relaciones. Se consideraron para el análisis las variables que
describen las conductas sexuales y se categorizaron las dos variables que
evaluaban la percepción sobre conductas de riesgo y las expectativas sobre el
consumo de alcohol (con un total de 13 dimensiones entre ambas). El análisis de las variables según los
niveles en los que
se distribuyen las puntuaciones (bajo, medio, alto) facilita la comprensión de
su funcionamiento. El ACM se puede aplicar a variables cuantitativas y
cualitativas. Para transformar cada variable cuantitativa en una nueva variable
categórica, se utilizó el rango intercuartílico.
Resultados
Análisis descriptivos de las conductas sexuales
Respecto
a la descripción de las conductas sexuales, del total de la muestra, el 79.8%
había tenido relaciones sexuales con otra persona, habiéndose iniciado en algo
más de la mitad de los casos antes de los 15 años (siendo el caso más extremo
el inicio a los 10 años). Cerca de la mitad indicaban haber tenido más de dos
parejas sexuales en el último año (2 a 4 = 23.1%, 5 a 6 = 25%). Más de la mitad
de participantes no usaron preservativo en su primera relación sexual, ni lo
utilizan de forma habitual. Estos análisis se muestran también segregados por
género (tabla 1).
Tabla 1. Análisis descriptivo de CSR según género en jóvenes universitarios

Diferencias en conductas
sexuales en función de la percepción de riesgo para la conducta sexual
El Anova
mostró que los participantes que
tenían relaciones sexuales (frente a los que no las
habían tenido) percibían con más claridad que las
prácticas sexuales de riesgo contenidas en el factor «percepción de riesgo
sobre conductas sexuales» (Factor 1 EPRCS) eran una amenaza para su salud, F(1,
836) = 5.63, p =
.018, Msírelsex
= 4.18, DT = 0.99, Mnorelsex
= 3.97, DT =
1.17. Además, mostraron una mayor percepción del uso del preservativo como
protector (Factor 2 EPRCS), F(1,
836) = 4.46, p =
.050, Msírelsex
= 3.81, DT =
1.02, Mnorelsex
= 3.64, DT =
1.07; y una mayor percepción de las conductas relacionadas con el conocimiento
de las experiencias sexuales previas del compañero/a como promotoras de la
salud sexual (Factor 3 EPRCS), F(1,
836) = 5.63, p =
.004, Msírelsex
= 3.94, DT =
1.11, Mnorelsex
= 3.66, DT =
1.16.
Respecto
al número de contactos sexuales (niveles: < 2 contactos sexuales, ≥
2 contactos sexuales) se
hallaron diferencias marginalmente significativas, siendo los que habían mantenido menos contactos sexuales los que obtuvieron mayor percepción del
riesgo asociado a recibir información sobre sexualidad dependiendo de la fuente
(Factor 4 EPRCS), como los padres/madres, el profesorado, las amistades o a
través de internet, F(1, 661) = 3.41, p
= .065, M<2contactosex = 3.26, DT
= 1.17, M≥2contactossex = 3.26, DT
= 1.17.
También
se encontraron diferencias significativas atendiendo al uso del preservativo en la primera
relación sexual en los tres primeros factores de la EPRCS. Los participantes que sí habían optado por el uso del
preservativo, percibían con más claridad qué prácticas sexuales son de riesgo (Factor 1 EPRCS), F(1, 660) = 9.09, p
= .003, Msípreservativo = 4.34, DT
= 0.81, Mnopreservativo = 4.10, DT
= 1.07, así como la
capacidad protectora de la salud del preservativo (Factor 2 EPRCS), F(1, 660) = 7.43, p
= .007, Msípreservativo = 3.95, DT
= 0.99, Mnopreservativo = 3,72, DT
= 1.03, y de conocer
las experiencias sexuales previas del compañero/ a o de uno/a mismo/a (Factor 3
EPRCS), F(1,
660) = 5.51, p = .019, Msípreservativo = 4,07, DT
= 1.08, Mnopreservativo = 3.86, DT
= 1.12.
No
se encontraron diferencias significativas respecto a la edad en la que se iniciaron las relaciones
sexuales (niveles: 10 a 15 años, 16 a 20 años), el número de parejas sexuales
durante el último año y el uso del preservativo en las relaciones sexuales.
Diferencias en conductas sexuales en función de las
expectativas sobre el alcohol
Para
la variable actitudinal sobre las expectativas del uso del alcohol, solo se
encontraron diferencias en las conductas sexuales en los participantes que habían tenido ya relaciones
sexuales en comparación con aquellos que no. En concreto, en los factores de «reducción de la
tensión psicológica», F(1, 836) = 7.03, p = .008, y «agresividad y sentimientos
de poder», F(1,
836) = 3.56, p = .050. Los participantes que aún no habían mantenido relaciones
sexuales consideraban en mayor medida que el alcohol les producía o tenían la expectativa de que produce cierta relajación física y tolerancia al dolor, Mnorelsex = 12.7, DT =
5.97, Msírelsex
= 11.5, DT =
5.29, y que les desinhibía, considerando
en general que el alcohol hace sentir mejor
y más poderoso, Mnorelsex
= 31.4, DT =
11.4, Msírelsex
= 29.6, DT =
10.5.
Para
el resto de comportamientos sexuales (edad de inicio, número de contactos
sexuales, número de parejas sexuales, uso del preservativo en la primera
relación sexual y uso del preservativo) no se encontraron diferencias.
Diferencias en las variables de percepción de riesgo para
conducta sexual, expectativas sobre alcohol y conductas sexuales en función de
las variables sociodemográficas
El
análisis de las diferencias en percepción de riesgo para conducta sexual en
función del género (tabla 2) mostraron que los hombres percibían con mayor claridad qué comportamientos sexuales suponen un
riesgo para la salud, F(1, 836) = 5.44, p = .02, Mhombre = 4.22, DT
= 0.959, Mmujer = 4.06, DT
= 1.11.
En
el caso del estudio de las expectativas sobre el consumo de alcohol, el género
de los participantes determinó diferencias en todas las dimensiones del
cuestionario (tabla 2). Mientras los hombres consideraban en mayor medida que el alcohol produce una mejora en la
interacción grupal (más diversión, cohesión o mejor ánimo), expresividad verbal
(facilidad para hablar) y desinhibición (sinceridad, impulsividad, bromista),
las mujeres percibían más que el alcohol tiene la capacidad de incrementar la
sexualidad (más deseo, sensualidad, romántico, más orgasmos), la agresividad y
sentimientos de poder (tendencia a discutir, seguridad, autosuficiencia, satisfacción), así como
reducir la tensión psicológica y física (despreocupación, relajación, dormir mejor) y
producir cambios fisiológicos (calor, enrojecimiento).
Tabla 2. Diferencias según género en las expectativas
sobre el consumo de alcohol

La
edad de los participantes (niveles: 16 a 19 años, 20 a 25 años), no mostró
efecto significativo
en las puntuaciones de las dos variables analizadas, percepción de riesgos para
conducta sexual y expectativas sobre alcohol. Tampoco lo hicieron las variables
descriptivas de la zona geográfica y
la etnia.
Respecto
a las diferencias en las conductas sexuales atendiendo al género, grupo de
edad, etnia y zona de procedencia, los resultados mostraron que la variable género
resultó relevante para explicar la agrupación de frecuencias de las siguientes
conductas sexuales analizadas: a) haber iniciado en el momento del estudio las
relaciones sexuales; b) tener menos o más de 2 parejas sexuales al año; c) uso
del preservativo en la primera relación; y d) uso del preservativo en las
relaciones siguientes. Específicamente,
el porcentaje de mujeres que
aún no habían tenido relaciones sexuales frente a los hombres fue más elevado (χ2 = 12.33, p <
.001). Además, más hombres que
mujeres habían tenido ≥
2
parejas sexuales diferentes al año (χ2 =
12, p =
.002) y entre 5 y 6 parejas (χ2 =
17.4, p <
.004); el porcentaje de hombres que
usaron el preservativo en su primera relación sexual y siguen haciéndolo de
forma general fue mayor que
en el caso de las mujeres (χ2 =
12.3, p <
.000, χ2 = 4.29, p =
.038). La frecuencia de hombres y mujeres en el resto de respuestas respecto a
conductas sexuales no difirieron
significativamente.
La
zona de procedencia (rural o urbana) resultó una variable de agrupación significativa exclusivamente
respecto al inicio de las relaciones sexuales, siendo mayor el porcentaje de
los participantes de zona urbana que
habían iniciado relaciones sexuales en comparación con los de zonas rurales (χ2 = 15.5, p <
.001).
No se encontraron
diferencias en la distribución atendiendo a los grupos de edad y etnia en
ninguna de las variables analizadas.
Análisis conjunto de las
variables: comportamiento sexual, percepción de
riesgo en torno a conductas sexuales y sobre la ingesta de alcohol
El
modelo resultante del ACM, que
capturó la distribución de las categorías de las variables, mostró una fiabilidad alta en
ambas dimensiones (D1: α =
.918, D2: .879). La distribución de los puntos en el espacio factorial indicó
una inercia adecuada (inercia D1 = .391; inercia D2 = .303). Respecto a la
saturación de las variables en las dimensiones, las que alcanzaron mayores
niveles de saturación, especialmente en la dimensión 1, fueron las categorías
de los ocho factores del cuestionario de expectativas hacia alcohol (de 0.84 a
1.25). Las CSR y los cuatro factores de la Escala de percepción de riesgo para
conducta sexual mostraron, en comparación, saturaciones bajas en las dos
dimensiones (de 0.02 a 0.96).
El
mapa de asociaciones (figura 1
) mostró cuatro agrupaciones de variables que
describen conjuntos de asociaciones, así como la cantidad de inercia que aportan a la
explicación de tales asociaciones.

Figura 1. Mapa de asociaciones
múltiples entre expectativas para consumo de
alcohol, percepción del riesgo para conductas
sexuales y las conductas sexuales
Atendiendo
a la cercanía entre las categorías de las variables, se pueden observar
asociaciones que
definen cuatro conjuntos
de categorías (nombrados como «conjunto 1, 2, 3 y 4» en el plano). La fuerza de
asociación entre las categorías resultó más elevada en el caso de las variables
que evaluaban las
expectativas y efectos del consumo de alcohol (medidas a través del AEQ).
Además, se encontró que
las categorías opuestas definidas
por la posición en los cuadrantes fueron los niveles altos y bajos de expectativas
y efectos del consumo de alcohol.
La
interpretación concreta de los conjuntos 1, 2 y 3 permite considerar que existe un perfil de participantes que consideran que el alcohol es una
sustancia que
les produce o puede producir (expectativas altas) cambios psicofisiológicos. Específicamente, generaría
reducción de la tensión física,
psicológica, aumentaría la desinhibición, la agresividad y sentimientos de
poder y también el deseo sexual; además, y probablemente como consecuencia de
los cambios psicofisiológicos
anteriores, consideran que
el consumo de esta sustancia disminuiría la expresividad verbal y empeoraría
las interacciones sociales grupales (conjunto 1). Justo el perfil opuesto de
participantes se desprende de la interpretación del conjunto 2 de datos. Aquellos que consideran que el consumo de
alcohol produce (tanto como expectativa-creencia y efecto) una baja alteración
de procesos psicofisiológicos
(no se incrementaría la agresividad ni el deseo sexual, ni reduciría la tensión
física y psicológica)
y, por el contrario, sí que
incrementaría y mejoría la expresividad verbal y las interacciones sociales
grupales. El conjunto 3 revela un tercer perfil de
participantes con expectativas y percepción sobre los efectos del alcohol de
nivel medio en todas las dimensiones evaluadas en el AEQ.
Sin
embargo, los factores del AEQ (niveles bajos, medios o altos de las
expectativas y efectos del alcohol en las distintas dimensiones evaluadas) no
mostraron proximidad en el plano con las CSR, de forma que se puede inferir que no existe un perfil concreto de
participante en función de las asociaciones conjuntas entre ambas variables.
Finalmente,
respecto al conjunto de datos 4, en general las conductas sexuales aparecen
próximas en el plano central, indicando asociaciones entre ellas, aunque no generan un perfil explicativo
altamente consistente por su proximidad al punto de origen de los vectores
(0.0). Concretamente, las conductas sexuales que aparecen más cercanas en el plano son
la de tener una sola pareja, haber iniciado las relaciones sexuales a los 14
años, tener menos de dos contactos sexuales, haber usado preservativo en la primera
relación sexual y no usar preservativo en general en las relaciones sexuales.
Otro perfil que se infiere de la proximidad
de las categorías se relaciona con haber tenido de 5 a 6 parejas diferentes,
usar el preservativo y presentar niveles medios-altos de los factores 1
(percepción sobre el riesgo que
implica la práctica de ciertas conductas sexuales), 2 (percepción sobre el uso
de preservativo) y 3 (percepción acerca del conocimiento sobre los antecedentes
sexuales de la pareja) del EPRCS, es decir, una percepción adecuada sobre qué factores resultan
protectores y de riesgo para la salud. Se encuentra, además, una vinculación
entre el no uso del preservativo la primera vez con una puntuación baja en el
factor 2 del EPCRS, esto es, una baja consideración del preservativo como protector.
Un último perfil
describe asociaciones entre niveles bajos del factor 1 y 3 del EPRCS, y niveles
altos de esos mismos factores; esto indica una fuerte asociación entre la
percepción sobre el riesgo que
implica la práctica de ciertas conductas sexuales y la percepción acerca del
conocimiento sobre los antecedentes sexuales de la pareja: cuando la percepción
es adecuada y clara en una de esas dimensiones también lo es en la otra, y
viceversa.
Discusión
El primer bloque de análisis permitió describir conductas sexuales
de los participantes y conocer la frecuencia de las prácticas consideradas de
riesgo. Del total de la muestra, una alta proporción de participantes ya habían
tenido relaciones sexuales con otra persona. Entre las CSR más frecuentes se
encontró que la vida sexual empezó en
algunos casos a los 10 años de edad y más de la mitad de los participantes lo
hizo entre 10 y 15 años. Además, una proporción ligeramente menor tuvo más de
dos parejas sexuales frente a los participantes que
manifestaron haber tenido una sola pareja sexual. El número de participantes que no usó el preservativo en la primera relación
sexual y subsiguientes fue mayor que el de los que sí lo empleaban.
Algunos de los resultados
anteriores coinciden con datos encontrados en otras investigaciones e informes
en el contexto latinoamericano (ver
revisión de Paredes et al., 2023). En cuanto a la edad
temprana del inicio sexual, nuestros hallazgos fueron coherentes con los datos
del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos de Ecuador (2024) que expresa que, aunque la tasa de embarazos en niñas y adolescentes
mantiene una tendencia a la baja en los últimos años, el porcentaje de
embarazos entre los 10 y 14 años sigue siendo preocupante (un 2% del total en
2023), 0.5 puntos por encima de la tasa de natalidad mundial. Estos datos son
señalados también por organizaciones internacionales para el conjunto de países
latinoamericanos, especialmente República Dominicana, Honduras, El Salvador,
Guatemala, Colombia y México, donde se han registrado las más altas tasas de
embarazo precoz (United Nations
Children’s Fund et al., 2025).
El uso inconsistente del
preservativo, combinado con varias parejas sexuales, parece ser una práctica de
riesgo frecuente como indican nuestros resultados y los de otros estudios en
países latinoamericanos. En Ecuador, se encontró que
más de la mitad de los participantes mostraron uso inconsistente del
preservativo en sus encuentros sexuales a pesar de haber recibido información
sobre temas de sexualidad (Solórzano-Torres et al.,
2019). En Brasil, se informó sobre el uso inconsistente del preservativo en estudiantes
universitarios, dándose con mayor frecuencia al final
del año académico (Freitas et
al., 2019). En Chile, una
investigación mostró que los participantes habían
tenido más de un contacto sexual con personas diferentes y una
muy baja frecuencia del uso de preservativo, especialmente en el grupo de
mujeres (Bouniot-Escobar et al.,
2017).
Respecto
a las diferencias en conductas sexuales en función de la percepción de riesgo
para la conducta sexual, los datos revelaron que, cuando los adolescentes y jóvenes no
se habían iniciado aún en las relaciones sexuales, presentaban una percepción
más clara sobre diversas prácticas que
suponen un riesgo para la salud y cuáles podrían ser protectoras. De acuerdo
con la teoría del modelo de creencias de salud, la percepción individual del
riesgo que una persona tenga
estará influida
por el nivel de conocimiento, las diversas fuentes de información, las
creencias y la forma en la que
percibe la amenaza o valora el beneficio
de una determinada conducta (riesgo/protección; Maiman
& Becker, 1974). Es posible, entonces, que
ese mayor conocimiento sobre sexualidad saludable, sobre las conductas de
riesgo y la posible amenaza para la salud, estuviera influyendo en la toma de
decisiones de esos participantes orientada a retrasar el inicio de las
relaciones sexuales (ver
revisión
de Gómez et al.,
2023).
Los
participantes que
habían iniciado relaciones sexuales y tenían más contactos sexuales presentaron
una mayor percepción del riesgo asociado a recibir información sobre sexualidad
dependiendo de la fuente que
los que tenía menos
contactos sexuales. Considerando estos datos, parece que las chicas y
chicos con más parejas aprecian la importancia de informarse adecuadamente
sobre temas de sexualidad. Algunos estudios revelan que serían los
progenitores los que
podrían ofrecer el apoyo social más positivo respecto al apoyo informativo
sobre sexualidad (García-Mendoza et
al.,
2017); sin embargo, no es frecuente que
los padres y madres conversen con sus hijos sobre esta temática (Robles et al.,
2017). Aunque
el profesorado es percibido también como una fuente fiable de información
sobre sexualidad, los datos revelan que,
en la práctica, a pesar de que
los docentes perciben tener conocimientos útiles sobre sexualidad, no
consideran que
sean suficientes para poder
abordar el tema con estudiantes o se sienten incómodos a la hora de hacerlo
(Castillo-Núñez et
al.,
2024).
Este
bloque de análisis
también reveló que
los jóvenes que
sí habían optado por el uso del preservativo, percibían con más claridad qué prácticas sexuales
son de riesgo, así como la capacidad protectora del preservativo sobre la salud
y de conocer las experiencias sexuales previas de la pareja. Estos resultados
revelan que las conductas y
decisiones tomadas se acompañan de factores cognoscitivos que implican que el riesgo
percibido dependerá de las creencias que
la persona tenga sobre la efectividad o no del uso del preservativo, el
conocimiento sobre medidas de prevención y la posible valoración de los beneficios que conllevará el
evitar —o no— enfermarse (Gómez et
al.,
2023; Maiman & Becker, 1974).
El
análisis de las diferencias en la percepción de riesgo para conducta sexual,
expectativas sobre alcohol y conductas sexuales en función de las variables
sociodemográficas
arrojó que el género de los
participantes determinó diferencias en todos los factores relacionados con las
expectativas sobre el alcohol. Los hombres percibieron en mayor medida que las mujeres que el alcohol
mejoraba la interacción grupal (p. ej., más diversión, mejor ánimo),
expresividad verbal (p. ej., facilitando el hablar más) y la desinhibición (p.
ej., más impulsivo, bromista). En cambio, las mujeres percibieron más que los hombres que el alcohol tiene
capacidad de incrementar la sexualidad (p. ej., más deseo, más orgasmos), la
reducción de la tensión psicológica y física
(p. ej., dormir mejor, mayor relajación), la agresividad y sentimientos de
poder (p. ej., tendencia a discutir, autosuficiencia)
y provocar cambios psicofisiológicos
(p. ej., sensaciones de calor, enrojecimiento).
Estos
resultados estarían revelando que
las chicas y los chicos tienen creencias diferentes sobre el alcohol y sus
efectos, así como distintos efectos percibidos cuando consumen alcohol.
Considerando nuestros resultados, los chicos podrían usar esta sustancia como
una forma de mejorar sus habilidades sociales intergrupales y aumentar la
diversión en situaciones sociales. Estas creencias podrían suponer un factor de
riesgo para el incremento del consumo de alcohol viéndose como catalizador de
los encuentros sociales. Las mujeres, por su parte, parecen ser más conscientes
de los efectos psicoactivos del alcohol. Esas creencias podrían resultar
protectoras y no afectarían al consumo social del alcohol; sin embargo, podrían
ser las desencadenantes de su consumo como forma de escape o evitación. Además,
su percepción sobre los efectos positivos en el marco de las relaciones
sexuales estaría indicando un aumento en la probabilidad de tener relaciones
sexuales bajo sus efectos (Ahumada-Cortez et al., 2018; Álvarez-Muelas et al.,
2020).
Esto
anterior, unido al resultado en este estudio que revelaba una percepción más clara de
los chicos en comparación con las chicas acerca de qué comportamientos
sexuales suponen un riesgo para la salud, serían factores que estarían
contribuyendo a los patrones de comportamiento sexual diferente encontrado
entre los chicos y chicas. El porcentaje de hombres que habían iniciado
las relaciones sexuales era mayor que
el de mujeres, tenían además más parejas sexuales diferentes que las mujeres, pero
también adoptaban en mayor medida una conducta protectora fundamental como es
el uso del preservativo. Estos datos están en consonancia con los encontrados
en estudios previos con muestras similares en otros países latinoamericanos (v. g.,
Robles et al.,
2023; Uribe et
al.,
2009; Uribe et
al.,
2012) dónde se encuentra que,
si bien los hombres tenían más parejas sexuales diferentes, también usaban más
frecuentemente el preservativo. Estos datos pueden ser explicados por el efecto
de los estereotipos y roles de género que
favorecen la asunción de un rol más activo de los hombres en la negociación del
uso de medios de protección en los encuentros sexuales (Bolaños et al.,
2019; Robles et
al.,
2023; Uribe et
al.,
2018).
Del
resto de variables sociodemográficas
analizadas, edad, etnia y zona geográfica
de procedencia, solo esta última mostró diferencias entre la distribución de
porcentajes de los participantes que
habían iniciado las relaciones sexuales, siendo ligeramente mayor en los
participantes de zona urbana en comparación con los de zonas rurales. Si bien
este resultado difiere
de la hipótesis inicial planteada, otras investigaciones encuentran que la mayoría de
participantes que
han iniciado la vida sexual provienen de zonas urbanas (Ocaña et al.,
2021). Sin embargo, cuando se consideran esos mismos resultados atendiendo al
año de inicio de la vida sexual, son los participantes provenientes de la zona
rural los que
comienzan las relaciones sexuales a las edades más tempranas (11 años o menos;
Ocaña et al.,
2021). Además, parece necesario interpretar todos estos resultados bajo una
perspectiva sociocultural. En este sentido, la diferencia encontrada en nuestro
estudio —en contra de lo esperado— entre zonas rurales y urbanas podría estar
reflejando, en realidad,
el efecto de las etnias. Las CSR en función de la procedencia de los y las
participantes podrían estar siendo influenciadas
por factores sociales como la alta migración de población rural hacia la
urbana, especialmente de grupos indígenas (Alcedo & Quito, 2021). Dentro
de cada grupo se promueven aprendizajes recíprocos de valores, culturas o mitos
que prevalecen en un
contexto multicultural y étnico como el de Ecuador (República del Ecuador,
2008), fomentando percepciones de riesgo/protección que beneficien o no la salud
sexual de los y las jóvenes. El inicio extremadamente temprano de las
relaciones sexuales es una consecuencia de contextos marcadamente machistas, de
alto consumo de alcohol, celos e infidelidad,
donde prevalecen roles familiares tradiciones y «atrasados» que aumentan los casos
de relaciones sexuales no consentidas en niñas y adolescentes —indígenas y no
indígenas— de las zonas rurales de Ecuador por parte de familiares o personas
allegadas (Boira et
al.,
2016).
Finalmente,
el análisis conjunto de las variables, entre sus resultados, mostró que los participantes que tenían una sola
pareja iniciaban sus relaciones sexuales a los 14 años y no usan generalmente
preservativo en las relaciones sexuales. La conducta de no usar el preservativo
se asoció a creencias sobre su poca efectividad. Mientras que los participan tes
que habían tenido
varias parejas sexuales sí usaban el preservativo y, además, percibían mejor el
riesgo de determinadas conductas y consideraban el preservativo como protector.
Así mismo, consideraban que
recibir información sobre sexualidad de fuentes fidedignas era un factor protector. Se
encontró también una fuerte asociación entre la percepción sobre el riesgo que implica la
práctica de ciertas conductas sexuales (p. ej. el inicio temprano de las
relaciones sexuales o el no uso de preservativo) y la percepción acerca del
conocimiento sobre los antecedentes sexuales de la pareja: cuando la percepción
es adecuada y clara en una de esas dimensiones también lo es en la otra, y
viceversa. Estos resultados revelan la vinculación de las variables
actitudinales (considerando el conjunto de creencias, percepciones e
interpretaciones) con las conductas. En el marco de los modelos y teorías que ayudan a predecir
y explicar las conductas de salud, se confirmaría
que un conocimiento
adecuado sobre una realidad y la percepción de amenaza contribuirían a la
decisión de ejecutar determinados tipos de conductas (Ajzen
& Fishbein, 1980; Brown et al.,
1987; García-Andrade et
al.,
1996). Estos hallazgos se han confirmado también de manera empírica por
diversos estudios (Gómez et
al.,
2023). Posiblemente, aunque
la naturaleza del análisis no permite establecer la dirección de la influencia, la vida
sexual (las conductas emitidas) también moldean y construyen las actitudes
frente a los factores de riesgo y protección; esto explicaría por qué los participantes
con más CSR también tienen más percepciones ajustadas sobre qué elementos
contribuyen al mantenimiento de la salud.
Los
resultados del estudio han de interpretarse, no obstante, considerando sus
limitaciones. La primera se refiere
a su naturaleza de tipo transversal. Esta permite analizar una situación de
salud en un tiempo dado y planear su intervención (Supo & Zacarías, 2020);
sin embargo, es necesario realizar en trabajos futuros de corte longitudinal
para un análisis de la evolución de las conductas sexuales y las variables
actitudinales. La homogeneidad de la muestra en cuanto al perfil educativo de los
participantes (todos eran estudiantes universitarios/as) no permite hacer
generalizaciones de los resultados a otras poblaciones de adolescentes y
jóvenes que no han cursado
estudios superiores. Así mismo, si bien los resultados son de interés en el
contexto ecuatoriano, la no inclusión de otras zonas geográficas impide comparar
empíricamente relaciones y resultados en otras localizaciones y entornos
socioculturales. Además, considerando la influencia
cada vez mayor de las aplicaciones de mensajería instantánea y redes sociales
en la vida sexual de chicos y chicas, hubiera sido interesante haber incluido
la medición de ciberconductas como el sexteo o
cibersexo (Gámez-Guadix et
al.,
2021; Javier-Juárez et
al.,
2021). Finalmente, y considerando el papel relevante que el género ha
mostrado en los resultados del estudio, convendría adoptar una perspectiva de
género más presente en todo el trabajo, así como analizar las variables
considerando la orientación afectivo-sexual.
A
pesar de las limitaciones anteriores, esta investigación aporta información
útil sobre las conductas sexuales adolescentes y jóvenes ecuatorianos, poniendo
de relieve la existencia de dos prácticas que
se han asociado a consecuencias indeseadas para la salud como el inicio
temprano de las relaciones sexuales y la no utilización del preservativo por
más de la mitad los participantes. Así mismo, los datos sobre las variables que evalúan la
percepción de los factores de riesgo o protección para conducta sexual y las
expectativas sobre el consumo de alcohol revelan que los participantes que valoran las
amenazas a la salud también son capaces de valorar las prácticas protectoras
generándose. Así, al menos a nivel cognitivo, unas creencias más saludables que se extienden al
ámbito del consumo de alcohol, siempre que
este no se circunscriba al ámbito estrictamente social y de diversión. Además,
considerando las diferencias encontradas entre mujeres y hombres, tanto en
determinados comportamientos sexuales como en sus creencias en torno a factores
de riesgo o protección y los efectos del alcohol, se refuerza la necesidad de
hacer un abordaje de la educación en salud sexual desde la perspectiva de
género. En este sentido, parece que
las creencias más estereotípicas sobre los efectos del alcohol junto con una
menor percepción de riesgo de determinados elementos podrían estar influyendo en la asunción
de conductas sexuales menos protectoras por parte de las mujeres. Los datos
encontrados acerca de las relaciones sexuales tempranas, el uso inconsistente
del preservativo y las diferencias en función del género, revelan que la sexualidad de
los adolescentes se sigue construyendo bajo la influencia de condicionantes contextuales de
orden social, cultural y político; factores que
perpetúan un ideario de masculinidad y feminidad que genera un orden social en que las mujeres se
encuentran en una posición de inferioridad (Castillo-Núñez et al.,
2024).
Desde
una perspectiva de transferencia y aplicabilidad de los resultados, estos
apoyan la utilidad de implementar acciones de prevención basadas en el refuerzo
de las creencias realistas y precisas sobre la sexualidad y otras conductas
(como el consumo de alcohol) y no solamente incidir sobre la percepción
adecuada de los factores de riesgo. Además, el desarrollo de habilidades
sociales (Caballo et
al.,
2017) permitirían sustituir las propiedades otorgadas al alcohol como
«salvavidas para las relaciones sociales y sexuales» por una mayor percepción
de autoeficacia. Finalmente,
las propuestas y programas de prevención o intervención podrían apoyarse en la
intersectorialidad para lograr efectos más significativos en la reducción de conductas de
riesgo sexuales, ya que
las fuentes de información provenientes de distintos ámbitos, como el educativo
y familiar, resultan valoradas positivamente por los jóvenes, siendo el
contexto universitario (y educativo en general) un espacio privilegiado para la
promoción de la salud y la prevención de la enfermedad. Respecto a la
generalización de los resultados, si bien el estudio se ha circunscrito al
contexto ecuatoriano, es posible generar cierta transferencia a otros países.
Tal y como se ha señalado a lo largo del manuscrito, las CSR y sus
consecuencias son señaladas como un problema global en Latinoamérica. Así
mismo, el marco normativo socio-cultural y formal (v. g.,
leyes y políticas), a pesar de las diferencias entre países, presentan
similitudes que
permiten una comprensión de los factores de vulnerabilidad y protección frente
a las CSR (ONU & RCP LAC, 2024).
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*Este artículo de investigación presenta resultados de la tesis doctoral realizada en el Programa de Doctorado de Psicología de la Universidad de Jaén (España), titulada «Estructura social y su relación con los factores y conductas sexuales de riesgo en jóvenes ecuatorianos». Fecha de iniciación de la investigación: enero 2022; fecha de finalización de la investigación: 2022. Financiación propia. Área: psicología. Subárea: psicología social y de la salud.
Para
citar este artículo: Aranda,
M., Robles, J. L., & Montes-Berges, B. (2025). Conductas sexuales en
jóvenes: percepción de riesgo y creencias sobre el alcohol. Revista Latinoamericana de Ciencias
Sociales, Niñez y Juventud, 23(2),
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