Estudios e investigaciones
DOI: 10.11600/rlcsnj.23.1.6872
Juventudes y redes sociales: una apropiación espacial del mundo virtual*
Youth and Social Networks. A spatial appropriation of the virtual world
Juventude e Redes Sociais. Uma apropriação espacial do mundo virtual
José Alegría-Morán,
Ph. D.1 0000-0002-0862-0306
1 Universidad Católica de Temuco, Chile.
Magíster en Estudios Filosóficos, Universidad Alberto Hurtado. Doctor en
Ciencias Sociales mención Estudios en Juventud, Universidad Católica Silva
Henríquez de Santiago, Chile. Profesor de la facultad de ciencias religiosas y
filosofía de la Universidad Católica de Temuco, Chile. 0000-0002-0862-0306. H5:
0. Correo electrónico: jalegria@uct.cl
Recibido: 12.05.2024 Aceptado: 21.10.2024
Publicado: 18.12.2024
Resumen
(analítico)
Los jóvenes de hoy experimentan las redes
sociales con una intensidad diferente a la de generaciones anteriores,
estableciendo una brecha de comprensión entre el mundo juvenil y mundo adulto.
Esto lleva a preguntarse: ¿cómo se relacionan los jóvenes con sus redes
sociales? Para la investigación se realizaron entrevistas abiertas
semidirectivas a un grupo de jóvenes chilenos de la
región metropolitana, que al momento de la entrevista tenían
entre 18 y 22 años. Los hallazgos muestran que los jóvenes en sus relatos
describen su experiencia con el mundo virtual contextualizándose
espacialmente. Los jóvenes descubren lo virtual por medio del juego y lo
disputan con otros sujetos. La espacialidad de las redes sociales las vuelve
habitables, lo que implica que puede afectar a la construcción
social de los sujetos.
Palabras
clave:
Juventud; redes sociales; espacialidad. Tesauro de Ciencias Sociales de la
Unesco.
Abstract
(analytical)
Today's young people experience social
networks with a different intensity than previous generations, establishing a
gap in understanding between the youth world and the adult world. This leads to
the question: How do young people relate to their social networks? For the
research, semidirective open interviews were conducted with a group of young
Chileans from the metropolitan region, who at the time of the interview were
between 18 and 22 years old. The findings show that young people in their stories describe their
experience with the virtual world by contextualizing it spatially. Young people
discover the virtual through games and discuss it with other subjects. The
spatiality of social networks makes them habitable, which implies that it can
affect the social construction of the
subjects.
Keywords: Youth; social network; spatiality
Resumo
(analítico)
Os jovens de hoje vivenciam as redes sociais
com uma intensidade diferente das gerações anteriores, estabelecendo uma lacuna
na compreensão entre o mundo jovem e o mundo adulto. Isto leva à questão: Como é que os jovens se relacionam
com as suas redes sociais? Para a pesquisa foram realizadas entrevistas abertas
semidiretivas com um grupo de jovens chilenos da região metropolitana, que no
momento da entrevista tinham entre 18 e 22 anos. Os resultados mostram que os
jovens nas suas histórias descrevem a sua experiência com o mundo virtual
contextualizando-o espacialmente. Os jovens descobrem o virtual através dos
jogos e discutem-no com outros assuntos. A espacialidade das redes sociais as torna habitáveis, o que
implica que pode afetar a construção social dos sujeitos.
Palavras-chave: Juventude; redes
sociais; espacialidade
Introducción
Convivir permanentemente con jóvenes, ya sea
en un contexto familiar (como el hogar), en recintos de formación y educación
(como escuelas, institutos o universidades) o en contextos de esparcimiento
(como plazas, recintos deportivos u otros ejemplos de espacios públicos) obliga
a poner el acento en la existencia de una perspectiva diferente sobre la
experiencia que estos tienen en torno a lo virtual (Morduchowicz, 2018;
Tarullo, 2020). En la actualidad, estas juventudes enfrentan los fenómenos de
internet de una manera diferente a cómo los han enfrentado sus padres y, en
general, el mundo adulto (Feixa, 2014). Existe una mayor intensidad al momento
de experimentar lo virtual, generando una distancia con quienes no pertenecen a
las diversas formas y manifestaciones juveniles contemporáneas, haciendo que no
las terminen de asimilar y, mucho menos, de compartir (Bauman & Leoncini,
2018; Morduchowicz, 2018). Esto genera que el mundo adulto desconozca la faceta
del mundo juvenil que se desarrolla en lo virtual, debido, principalmente, a
que no entiende esa relación entre jóvenes y redes sociales (Feixa, 2014).
Conocer todas las facetas del mundo juvenil
se vuelve de suma importancia debido, primordialmente, a que estos son sujetos
que se encuentran en una etapa del ciclo vital en que experimentan diversas
situaciones de vulnerabilidad (Feixa, 2020; Tejerina, 2020). Los jóvenes se configuran desde una moratoria
social. Este concepto establecido por Erikson (1988) en la década de los
cincuenta corresponde, en principio, a la suspensión del rol reproductor, para
dar prioridad a la exploración y el ensayo de roles e identidades que impactarán
en la formación social del adolescente, siendo una suerte de promesa en
torno a un sujeto que se consolidará en el futuro. Autores como Krauskopf
(2004) y Reguillo (2013) han criticado esta manera de entender el concepto, ya
que invisibiliza el presente de los jóvenes, enfocándose solamente en el
futuro. La moratoria social debiera entenderse como el tiempo en que los
sujetos están suspendiendo las responsabilidades propias del mundo adulto para
dar pie a la construcción y ensayo de sus identidades (Benavides, 2021; García
& Parada, 2018; Piaget, 2018).
La juventud representa una etapa de la vida
en la que los sujetos ya no son reconocidos como niños, pero que tampoco son
considerados adultos (Margulis & Urresti, 2008; Rincón & del Cid,
2020). Este tiempo en que se retrasa el ingreso al mundo productivo se destina
a la construcción y ensayo de manifestaciones identitarias (Piaget, 2018) y a
ejercer una autonomía recientemente adquirida (Canales et al., 2015). Son
sujetos que deben cargar con la condición de ser valorados como promesas, mas
no por sus realidades presentes, volviéndoles en muchos
casos sujetos invisibles (Reguillo, 2013).
El mundo adulto aparece como el responsable
de acompañar y apoyar en ese recorrido formativo, pero también
como una contraparte con la que se disputa el espacio (Feixa, 2020). Y es que
la juventud se encuentra fuertemente determinada por los adultos, de la manera
en que nos plantea Bourdieu (1990): «La juventud y la vejez no están dadas,
sino que se construyen socialmente en la lucha entre jóvenes y viejos» (p.
164). La relación con el espacio se vuelve fundamental, ya que es ahí donde se
expresan las diferentes manifestaciones de identidad (de Certau, 2000;
Reguillo, 2017; Morduchowicz, 2018). La construcción de la identidad viene
sucedida con la idea de habitar, ya que dicho acto se define principalmente
como la suspensión del sentido práctico que pueda poseer un espacio, para darle
forma de manera simbólica y emotiva; a su vez, el sujeto que realiza la acción
de habitar también se construye de manera simbólica y emotiva (Augé, 2008;
Giglia, 2012; Heidegger, 2003; Soto, 2016). Habitando los espacios es que los
sujetos van expresando y ensayando sus manifestaciones identitarias.
Para habitar un espacio debe existir una
apropiación de este. Se puede recurrir a Weber para tener una primera
aproximación al concepto de apropiación, entendiéndolo como la capacidad de
ejercer un poder sobre un objeto (Torres, 2012). Si se piensa en la apropiación
de espacios, Lefebvre (2013) establecerá este acto en torno a una idea de
control territorial y en su delimitación como construcción
simbólica y de sentido para sus habitantes (Días & de
Almeida, 2017). La apropiación del espacio impacta la manera en la que los
sujetos se determinan, por ejemplo, caminando dicho espacio, mientras se va
descubriendo (de Certau, 2000; Le Breton, 2022) o interviniendo directamente en
él; con ello se construyen relatos y narraciones que dan sentido al espacio y a
los sujetos que lo habita (Pérez-Vallejo & Arroyave-Montoya, 2020;
Tovar-Guerra et al., 2024). Internet y sus distintas plataformas aparecen,
sugerentemente, como un espacio novedoso que la juventud actual puede
apropiarse.
Las redes sociales se vuelven relevantes para
los jóvenes, en la medida que les permiten poner a prueba múltiples
manifestaciones de identidad, por medio del uso de perfiles (Morduchowicz,
2018; Navarrete et al., 2017; Navarro, 2019; van Dijck, 2016). Las redes
sociales son plataformas que permiten a los sujetos desarrollar diversos
niveles de interacción con otros sujetos (Navarrete et al., 2017). Sus
perfiles serán el medio que les permite presentarse al resto de la
comunidad virtual de una manera ideal y sin los condicionamientos propios de lo
análogo (Fernández et al., 2014;
Lupano & Castro, 2019). De esta manera, un sujeto puede acentuar algunas
características y ocultar otras, permitiéndose, incluso, la creación de un
perfil que no corresponda en nada con la realidad, volviéndose una ficción de
sí mismo (Gómez-Urrutia & Jiménez, 2022; Morduchowicz, 2018). Para algunos
autores, esta situación puede ser un peligro, debido a que los jóvenes no se
enfrentan a la tensión que implica interactuar con otros sujetos (Bauman &
Leoncini, 2018; Di Benedetto, 2018; Muñoz-Rodríguez et al., 2020), instancia
que les permite desarrollar posturas sociales o políticas (Tariq & Zeib,
2023) y fortalecer la manera en que enfrentan el mundo por medio de una
identidad.
Las ciencias sociales se han preocupado por explorar
esta situación durante mucho tiempo. Desde la idea del «nativo digital» de
Prensky (2010), quien en 2001 caracterizó a los jóvenes como exclusivos
especialistas en el uso y desarrollo de tecnologías digitales, las
investigaciones se han centrado en la idea de lo virtual como tecnología de la
información y la comunicación. En 2012, Claro et
al. dieron algunas luces en una investigación en la que se analizaron las
habilidades de jóvenes escolares chilenos en el uso de tecnologías
de comunicación e información. El estudio indicó
que los jóvenes no respondían a esa idea de
sujetos con altas capacidades en el desarrollo tecnológico. Esto se ha ido
confirmando en el transcurso de los años por otras investigaciones
(Armijo-Cabrera, 2024; Granado, 2019; Núñez et al., 2022; Ramírez & Ruiz,
2019).
En la actualidad son múltiples los estudios
que se han desarrollado teniendo en cuenta una mirada práctica de la
experiencia juvenil en relación con sus redes sociales. La mayoría de los
trabajos que tratan el tema se centran en el desarrollo e implementación de
instrumentos de medición en torno al uso de las tecnologías para acceder a las
redes sociales o a la manera en que el uso de estas influye en alguno de los
aspectos de los sujetos (Barrezueta et al., 2023; Bresolin, 2024; Lozano-Blasco
et al., 2023; Tariq & Zeib, 2023; Vallejos et al., 2020). Aparecen otros
que buscan comprender y establecer el uso de la herramienta virtual, por medio
de la categorización por género, estrato social o distinguiendo entre sujetos
urbanos y rurales (Andrade-Vargas et al., 2021; Ceballos, 2024; Ibáñez-Muñoz,
2024; López-de-Ayala et al., 2020; Plaza, 2021; Salazar et al., 2021; Valencia
et al., 2020). También es posible encontrar estudios que se preguntan sobre el
impacto negativo que tiene el uso problemático de las redes sociales y cómo
esto repercute en la cotidianidad del sujeto (Díaz-Moreno et al., 2023; Di
Benedetto, 2018; Frías & Serrano, 2024; Navarrete et al., 2017).
Este punto de partida influye en el tipo de
preguntas que se aplican para entender el fenómeno. Por lo general, se
desarrollan mediciones en torno al tiempo y las acciones realizadas en las
plataformas, lo cual no deja de tener un valor, pero mantiene oculta una faceta
emotiva y simbólica de la experiencia juvenil en esos contextos virtuales.
Teniendo en cuenta lo anterior, esta
investigación tiene por objetivo conocer la manera en que las y los jóvenes
se relacionan con sus redes sociales. El supuesto que se propone es el de
entender que las y los jóvenes enfrentan a las redes sociales como espacios
virtuales, sin reducir la experiencia a la utilidad de lo virtual. Hay una
contextualización espacial en lo virtual, lo que permite la ocupación de un
espacio. Este hecho es la primera acción para que los
sujetos moldeen el espacio de manera emotiva y simbólica, impactando en su
propia construcción de identidad.
Método
Asumiendo que la apropiación espacial se
caracteriza principalmente por un conjunto de acciones con
un alto contenido simbólico y emotivo (Augé, 2008; Giglia, 2012;
Soto, 2016), se ha optado abordar esta investigación desde una perspectiva
cualitativa, basándose en el modelo de diseño metodológico que presenta Bassi
(2015). Este propone que una investigación en ciencias sociales debe
establecer: una perspectiva epistemológica desde donde se enfrenta lo
metodológico; un enfoque, esto es, «una forma global de entender/conceptualizar
el mundo social, inserto en una epistemología y el que se
insertan unas técnicas» (Bassi, 2015, p. 380); una muestra o unidad de
información, entendida como aquellas de los que provendrá la información, y
cuyas propiedades serán analizadas para luego proponer conclusiones (Anduiza et
al., 2009; Cottet, 2006); y, finalmente, unos métodos de recolección de datos y
de análisis de datos. El diseño que plantea Bassi hace hincapié en resguardar
la coherencia lógica de todas las partes que conforman la investigación.
Perspectiva
epistemológica
Esta investigación se enmarca en la
perspectiva estructural propuesta por Ibáñez (1986), la que «aplica a la
dimensión estructural del componente simbólico: permite decir del lenguaje
mediante el lenguaje» (p. 37). El investigador accede al sujeto entendiéndolo
como parte de un orden simbólico que lo contiene.
El entrevistado, por medio del lenguaje, se establece en una estructura
desarrollada en la interacción entre diversos elementos simbólicos (Ibáñez,
1986), permitiendo que el contenido —para resolver la investigación— surja
entre los discursos y narrativas.
La perspectiva estructural permite conocer el
lugar en el que los sujetos se ubican en función de su realidad, contexto e
historia. Estos se establecen y definen cuando desarrollan con palabras sus
narrativas personales. Esta perspectiva perfila a la investigación
en los jóvenes, quienes, por medio de relatos, establecen la relevancia y la
naturaleza de su relación con sus redes sociales, a la vez que establecen el
lugar que habitan en una estructura social.
Enfoque
de método
El enfoque para esta investigación es el
análisis cualitativo de contenido que propone Cáceres (2003). Este
reconoce en las narrativas de los sujetos la existencia de información
relevante para entender fenómenos sociales y
culturales, sin limitarse exclusivamente a los fenómenos
políticos o a lo semántico de los
discursos. Así, se permiten otros medios de expresión simbólica (como la música
o el arte plástico) y se reconocen a los relatos como una acción de expresión
de lo íntimo y particular de los sujetos.
Cáceres (2003, citando a Mayring) indica que
el análisis cualitativo de contenido es un método en que se desarrolla un
trabajo «como una aproximación empírica, de análisis metodológicamente
controlado de textos al interior de sus contextos de comunicación,
siguiendo reglas analíticas de contenido y modelos paso a paso, sin
cuantificación de por medio» (p. 56). Esta propuesta permite el
desarrollo de instrumentos para un análisis sistemático y metódico de los
relatos de jóvenes en torno a la relación que han desarrollado con sus redes
sociales. En estos es posible encontrar elementos experienciales y emotivos en
los que se sustenta la idea de transformar espacios en lugares habitados (Augé,
2008; Delgadillo, 2022); además, entregando todo aquello que no puede ser
recogido en la observación o en la cuantificación distributiva.
Son los propios jóvenes quienes establecen el
valor de su relación con las redes sociales, y es posible acceder a ella por
medio de sus construcciones narrativas (Feixa, 2018). Los sujetos estructuran
aquello que les rodea por medio del lenguaje (Ibáñez, 1986), por lo que
corresponde acceder a ello, permitiéndoles construir un discurso en el que
presenten y articulen esa experiencia (Cáceres, 2003; Ortí,
1986).
Unidad
de información
Los sujetos entrevistados para esta investigación
fueron mujeres y hombres de la Región Metropolitana de Santiago (Chile)
quienes, al momento de la entrevista, tenían entre 18 y 22 años. La opción
geográfica implica el dato reconocido de que los sujetos urbanos tienen una
experiencia más profunda con las redes sociales que los sujetos que
habitan zonas rurales, y que, a pesar de que la brecha se ha ido aproximando
con los años, la diferencia sigue siendo importante (Criteria,
2023).
El tramo de edades escogidas para seleccionar
a los participantes de la investigación se determinó en la intención de contar
con jóvenes que hubiesen desarrollado un recorrido personal con las redes
sociales, desde los primeros años de su construcción como sujetos sociales,
haciendo que esta relación no se presentara como una acción esporádica o
accidental (Morduchowicz, 2018). Se asume la masificación
de las plataformas de redes sociales entre el 2008 y el 2012, tramo en el que
los entrevistados contaban entre 9 y 13 años, edades en que se empiezan a
manifestar con mayor fuerza las primeras manifestaciones identitarias y
desarrollo de autonomía (Piaget, 2018; Quiroga et al., 2021).
Fueron entrevistados nueve jóvenes, y para
acceder a ellos se utilizó el método de encadenamiento (Feixa, 2018). Este
consistió en contar con un grupo base de jóvenes contactados, y luego ellos
fueron sugiriendo otros jóvenes, para luego generar el contacto y coordinar la
entrevista. Los criterios de selección fueron los presentados con anterioridad.
Se puso intención en la construcción de una
muestra conformada por sujetos con domicilio en distintas comunas de la Región
Metropolitana, contando con jóvenes de la zona oriente, centro, sur, poniente y
norte. Esta heterogeneidad en las y los entrevistados intento cubrir las
distintas realidades socioeconómicas que existen en
una ciudad tan segregada como Santiago, en donde vivir en una zona en
específico determina el nivel socioeconómico (Ramond, 2023),
ya que, según Salazar et al. (2021) esta característica
podría hacer que la experiencia con las redes sociales fuera dispar,
principalmente por el acceso a medios tecnológicos.
Técnicas
de recolección de datos
Para acceder a los relatos de los jóvenes se
optó por la entrevista individual abierta semidirectiva (Ortí, 1986). Esta se desarrolla
entre un entrevistado y un entrevistador, donde se da espacio para que el
primero pueda desarrollar un relato en torno a la consulta presentada por el
segundo (Cáceres, 2003; Ortí, 1986). El resultado
esperado es que en el relato surja «la forma social —cultural y de clase— de la
estructura de su personalidad y los acontecimientos ideológicos
de su proceso motivacional típico»
(Ortí, 1986, p. 179). La elección de esta técnica radica en
que permite un acceso directo a las construcciones simbólicas
que los jóvenes han podido ir construyendo en el transcurso de su
relación con las redes sociales. Los sujetos se vuelven el
centro de la investigación, ya que es necesario acercarse a ellos para realizar
preguntas y escuchar qué es lo que tienen que decir al respecto. Es por medio
de la entrevista individual abierta semidirectiva que los sujetos construyen
los relatos de sus afectos y motivaciones, apareciendo la realidad que se busca
comprender.
El instrumento está descrito en la tabla 1.
Estas instancias tuvieron una duración de entre treinta minutos y una hora, y
se realizaron por medio de la plataforma Zoom, entre los meses de diciembre del
2021 y septiembre del 2022.
Tabla 1. Tópicos tratados
con todos los entrevistados
Previo a cada una de las entrevistas, se le
entregó a cada joven el consentimiento informado, en el que se describían
los aspectos éticos de la investigación y el uso que se
daría a los datos recogidos. En este se indicó que se mantendría el anonimato
durante todo el proceso de la investigación, que no estarían obligados a
continuar con la entrevista si no se sentían cómodos
y que sus relatos podrían ser utilizados para el desarrollo de ponencias y
artículos. Todos los consultados dieron su consentimiento. Método
de análisis El diseño de procesamiento y análisis de las
entrevistas tomó en cuenta el enfoque de análisis cualitativo de contenido de
Cáceres (2003) y las propuestas metodológicas de análisis del discurso
presentadas por Ortí (1986) y Santander (2011). Lo primero que se realizó fue
la transcripción de las nueve entrevistas, para luego pasar las transcripciones
a un modelo de filas y columnas que separó los relatos en párrafos. Esto se
hizo para realizar una revisión exhaustiva en cada
uno de ellos, sintetizando, sistematizando e identificando todos aquellos
elementos relevantes para el desarrollo de la investigación.
A la luz del marco teórico, se buscó en las narraciones aquellas frases que
hicieran referencia a una relación espacial con las redes sociales, a elementos
emotivos y simbólicos asociados con la manera de relacionarse con aquellas y a
manifestaciones identitarias personales que estuvieran asociadas con dichas
redes. Se usó la idea de categoría propuesta por
Cáceres (2003) para ordenar los testimonios recogidos en las entrevistas. Este
las define como «cajones o casillas en donde el contenido previamente
codificado se ordena y clasifica de modo definitivo»
(p. 67). Hallazgos En el desarrollo del análisis de las
entrevistas aparecieron, permanentemente y de manera transversal, tres aspectos
de la espacialidad y de la manera en la que los sujetos interactúan con esta:
lo primero, y posiblemente lo más obvio, es la figura en que los jóvenes se
establecen contextualmente en la red social como estando en un espacio; lo
segundo, la ocupación espacial por medio del juego, replicando la manera de
las primeras instancias de apropiación de los espacios físicos o análogos; y,
finalmente, la aparición de la espacialidad y su ocupación en contraposición a
la tensión y disputa que se genera con el entorno y el resto de la comunidad. Contextualización
espacial en redes sociales El espacio implica la capacidad de
contextualizar situaciones (Augé, 2008); de esta manera los jóvenes en la construcción
de sus relatos se ubican, en casi todas las ocasiones, inmersos en la red
social, refiriéndose a ellas como un lugar donde se puede estar: «De
repente uno pasa veinte mil horas ahí, o no se puede despegar» [mujer, 22 años,
Quilicura]. El ahí posiciona al joven en un contexto; lo ubica en un
espacio en donde suceden cosas. No requiere de mayor reflexión,
ya que la contextualización en la red social está interiorizada en el sujeto. Ellos
se saben en un espacio cualquiera, haciendo o experimentando algo. No necesitan
tener conciencia de esto, solo sucede. Este estar ahí
implica también la contextualización de situaciones
(Lefebvre, 2013), ya que hay hechos que tienen como escenario el espacio
virtual. Otra manera en que aparece esta ubicación
espacial es cuando el sujeto se refiere a su red social como un espacio al que
puede ingresar y que permite almacenar objetos: «Mis proyectos los quiero dejar
registrados un poco ahí, y que, si alguien le gustan, obviamente, puedan saber
dónde encontrarlos finalmente» [hombre, 21 años, Santiago]. La idea de
registrar para que el resto pueda acceder y compartir no condiciona a la red
social como un instrumento de interacciones, sino que hace referencia a un
volumen espacial destinado a la exhibición o almacenamiento de algo, lo que
permite el acceso de terceros. Nuevamente, aparece el ahí
que indica una ubicación; es un ahí donde el joven
coloca sus objetos de interés, y es un ahí
donde otros sujetos pueden acceder. La idea de acceder implica la existencia de
un afuera, siendo este espacio de exhibición un espacio al cual se puede
ingresar. Esta idea de ubicación espacial es
probablemente la más básica, pero también es una de las más relevantes, ya que
para poder hablar de redes sociales como espacios que pueden ser apropiados,
los sujetos deben interactuar con ellas espacialmente; deben poder estar ahí
(Giglia, 2012; Heidegger, 2003). Se puede observar en los relatos de las y los
jóvenes entrevistados que, en una primera instancia de uso, las redes sociales
son consideradas como espacialidades. Son un ahí donde pueden
ubicarse para realizar acciones y al que pueden acceder. Esto es lo primero que
debe reconocerse para entender que una red social puede ser construida como un
lugar que puede ser habitado, ya que se habitan espacios (Delgadillo, 2022;
Giglia, 2012) y no se consideran tan solo como instrumentos o herramientas. Descubrimiento
del espacio virtual por medio del juego Los sujetos descubren y exploran sus entornos
por medio del juego, experimentando sus primeras relaciones al momento de
compartirlos con otros sujetos (Solovieva et al., 2020). El descubrimiento,
como acercamiento a lo novedoso de los espacios, es lo primero que acontece: «Uno,
cuando descubre una nueva red social, como que se siente intrigado, la
investiga, como que hurguetea dentro de la propia red y eso»
[hombre, 19 años, Puente Alto]. Es una constante en las entrevistas la
aparición de esta primera manera de explorar los espacios jugando. En los
distintos relatos se pueden encontrar comentarios como: «Lo usaba más que nada
para jugar. Como que Facebook tenía hartos juegos. En ese tiempo lo usaba solo
para eso» [mujer, 21 años, Lo Prado] o «Lo que yo quería era jugar los juegos
de Facebook, y esa fue la razón principal. Así me creé mi primera red social»
[hombre, 19 años, La Florida]. De la misma manera en que los niños
descubren y se apropian de sus entornos, los jóvenes entrevistados indicaban
que su primer acceso a una red social fue por medio del juego (Piaget, 2018).
Las primeras experiencias con el espacio virtual respondían a dinámicas
similares a las experiencias con el espacio análogo. Ese primer acceso es más
inocente, donde la comprensión completa del espacio aún no se encuentra
definida. Es una experiencia de uso, pero uno lúdico que permite la creación
de los primeros recuerdos emotivos asociados al espacio: «Yo
me acuerdo de que nada me hacía más feliz que llegar del colegio y jugar ese
juego» [mujer, 22 años, El Bosque]; por lo tanto, son las primeras construcciones
simbólicas asociadas al espacio. Al momento de articular los relatos en torno
a las experiencias relacionadas con redes sociales, los sujetos retrocedían
a sus primeros recuerdos, empezando por lo que ellos consideraban su niñez: Comencé con mis redes
sociales, yo creo que fue con Facebook. No sabría decirle una edad concreta,
pero me acuerdo de que yo estaba joven, o sea chico, y la hice para jugar todos
los juegos que venían en Facebook. [Hombre 19 años, Las Condes] Esto se plantea estableciendo una diferencia
al indicar que aquel que jugaba los juegos de Facebook era un niño
y no el joven que está siendo entrevistado. Incluso aparece como algo
despectivo: «Siempre lo ocupé para jugar esos juegos de pequeño y después no lo
pesqué[1]
mucho» [hombre, 21 años, Santiago]. Ello indica que esa niñez ha sido superada,
y ahora este espacio no está definido por el juego. El sujeto ya no ocupa su
tiempo en jugar, haciendo que la relación deje de estar definida por esta
actividad. La primera etapa de apropiación y reconocimiento
está superada para dar pie a otro tipo de acciones (Díaz-Herrera
et al., 2021). Son otras las características que se tornan relevantes en esta relación,
las cuales serán abordadas más adelante en este análisis. El juego puede ser colectivo, sirviendo como
una primera instancia de ensayo para el desarrollo de relaciones presentes y
futuras: «Había unos juegos en Facebook que mis amigos jugaban. Entonces, me
creé como para compartir con ellos mediante esa red social» [hombre, 21 años,
Santiago]. Esta primera incursión en el mundo virtual sirvió a los
entrevistados como un foco de socialización por medio del juego, estableciendo
las primeras interacciones virtuales que continuaban en el mundo análogo.
Es una manera incipiente con la que se manifiesta el desvanecimiento de la
frontera entre el mundo análogo y el virtual
(Palenzuela, 2018). Si las generaciones anteriores practicaban sus juegos
colectivos en los patios de los colegios o en las calles de los barrios, la
generación actual de jóvenes agregó el espacio virtual ofrecido por la red
social Facebook para compartir con otros sujetos y apropiarse de su entorno
(Feixa, 2014). Apropiación
del espacio virtual por medio de la resistencia El espacio empieza a ser factor de disputa al
ser descubierto, ya que su apropiación implica una manifestación de poder,
autonomía y autoridad (Días & de Almeida, 2017). Todo espacio se encuentra
permanentemente en disputa, generando diversas tensiones con el entorno y con
el resto de los sujetos que conforman una comunidad (Lefebvre, 2013). Los
jóvenes comienzan a establecer sus primeras autonomías tomando posesión de
espacios, lo cual ocurre en tensión con el mundo adulto: «Fui creciendo hasta
que tuve sus dieciséis, diecisiete, más o menos, que fue la primera vez que yo
dejé mi perfil público, que fue como para mí una rebeldía
ante mis mamás» [mujer, 19 años, Puente Alto]. Las
redes sociales permiten a estos jóvenes establecer su primera diferenciación
con la autoridad familiar, incluso sin los permisos correspondientes: «Yo usaba
Facebook a escondidas» [mujer, 22 años, Quilicura]. Así, las redes aparecen como una primera
instancia de autonomía, como un espacio conquistado distinto al de los adultos;
allí los jóvenes empiezan a vivenciar lo que significa sentirse dueño de
aquello que los rodea. En algún momento,
cuando yo iba al colegio, yo no subía nada; pero yo decía, ok, si quiero subir
algo, no quiero que lo vea mi familia, no porque sea algo que deba ocultar o
que me de vergüenza, sino que era como por sentir que era un espacio para mí;
era como mi espacio y algo en donde se fueran a meter. [Hombre, 19 años, La
Florida] La red social funge como la extensión del
cuarto, de ese primer espacio personal, donde el problema no es la vergüenza o
el ocultamiento, sino la condición de una guarida íntima
y de recogimiento. En ella el sujeto puede ser quien quiera, sin tener la
obligación de explicar o pedir permiso a nadie (Feixa, 2014). Esa experimentación de lo íntimo da pie a la
tensión en torno a lo privado. Los sujetos establecen las normas y reglamentos
de uso al apropiarse de un espacio (Días & de Almeida,
2017; Díaz-Herrera et al., 2021). Lo privado es la consecuencia directa de la
apropiación, haciendo del espacio algo que se defiende: Cuando estaba en mi
periodo que estaba conociendo a mi pareja actual por Instagram, porque yo lo
conocí por ahí, mis mamás me revisaban las conversaciones. ¿Quién es? ¿Por qué
estás sonriendo en el teléfono?, y me lo quitaban. Para mí eso fue una invasión
de privacidad. [Mujer, 19 años, Puente Alto] Esta situación puede generar incursiones no
permitidas al espacio personal que pueden resultar dolorosas e incómodas.
De esta manera, los jóvenes aprovechan las herramientas y características
de las redes sociales, estableciendo límites que respondan al poder que otorga la posesión: Yo decido quién ve mi
perfil y quién no ve mi perfil, y solamente mantengo este círculo que ya
conozco entre comillas, de compañeros de colegio, de la universidad o gente que
conozco, en general. Entonces, cualquier persona que salga un poco de esta zona
de confort, si se puede decir, no la acepto y no le permito ver mis cosas.
[Mujer, 22 años, El Bosque] Se podría entender que la posibilidad de
seleccionar quiénes acceden o no al contenido de las redes sociales personales
es la manifestación de la posesión, la voluntad y el
poder (Bauman & Leoncini, 2018). Esto genera incluso la satisfacción de
ejecutar estos criterios de selección: «Me gusta el hecho de poder elegir quién
me sigue y quién no» [hombre 19 años, Las Condes]. Y esto es precisamente manifestación
de la autonomía adquirida desde el momento en que se aleja de la niñez (Canales
et al., 2015), instancia en la que aún no se tiene conciencia del poder que se
puede ejercer sobre su entorno: «Cuando yo era más chica yo no me daba
cuenta de eso, y ya cuando crecí me di cuenta y empecé
a bloquear o a que me dejaran de seguir toda la gente que no me conocía»
[mujer 18 años, Providencia]. La entrevistada con el tiempo se percató del
poder que tenía y del sentido de autonomía que podía ejercer en su red social.
También entendió el peligro que significa dejar entrar desconocidos en un
espacio personal, ya en este lo íntimo y lo privado siempre están en disputa
con el entorno (Lefebvre, 2013). Los espacios virtuales pueden ser construidos
sin criterios morales prestablecidos, permitiendo una profunda libertad en lo
que se puede o no se puede hacer, incluso planteando situaciones que podrían
estar en conflicto con las costumbres de la comunidad: Yo no tengo cuicos[2],
solamente tengo gente, digamos, igual que yo, que pertenece a la clase media, y
yo no me relaciono con gente que no sea como yo (…). No tengo relación ni
contacto con nadie que sea de otro estatus social. Los jóvenes ostentan en los espacios
virtuales una mayor autonomía para determinar los criterios de interacción,
debido principalmente a que entre su decisión y su acción
no hay mediadores efectivos, como padres, profesores o, incluso, otros jóvenes
(Bauman & Leoncini, 2018). Los algoritmos cumplen el rol de primer
intermediario entre el sujeto y sus interacciones, lo que no siempre es
evidente, haciendo que los jóvenes tengan una
sensación ficticia de control efectivo sobre lo que sucede o no sucede con sus redes
sociales (Pariser, 2018). Discusión El objetivo de esta investigación fue conocer
la manera cómo las y los jóvenes se relacionan con sus redes sociales. Los
hallazgos levantados por medio de las entrevistas indican que aquellas aparecen
relatadas como espacios posibles para ser conquistados y colonizados por
jóvenes. Ello contrasta con la manera en que otras investigaciones enfrentan el
problema, entendiéndolas como una relación mediada por el uso
(Barrezueta et al., 2023; Lozano-Blasco et al., 2023; Tariq & Zeib, 2023;
Vallejos et al., 2020). En las narrativas de los participantes las redes son
descritas como una contextualización espacial en la que
se puede estar, utilizando categorías propias de lo análogo (Augé, 2008; de
Certau, 2000; Días & de Almeida, 2017; Lefebvre, 2013). En su experiencia
con el mundo virtual se sitúan en una red social
particular, Instagram, con la que han desarrollado un sentido de identidad y
pertenencia (Lozano-Blasco et al., 2023). Lo primero que indican los sujetos es cómo
son capaces de ubicarse en un espacio, para luego describir las acciones y los
usos específicos que realizan en estos contextos. Las y los entrevistados
tuvieron su primer acercamiento a los espacios virtuales por medio del juego.
Esta es una acción propia de los sujetos, en la que exploran su entorno y
ensayan los primeros indicios de apropiación, así como los primeros modelos de
relaciones sociales (Piaget, 2018; Quiroga et al., 2021). Las experiencias
relatadas por los sujetos replican ese primer acercamiento al mundo
circundante. Así mismo, el juego fue también un medio de
apropiación del espacio (virtual, en este caso). La apropiación de un espacio implica la
ejecución de distintos niveles de autonomía, lo que lleva implícita la
adquisición de poder sobre este (Días & de Almeida, 2017; Lefebvre, 2013).
Tal situación genera una tensión con el resto de la
comunidad, ya que el espacio conquistado conflictúa el régimen de autoridad en
el que se desenvuelve el joven que recientemente ostenta de su posesión
espacial. En las entrevistas aparecen diversos ejemplos de esta situación; en
estos los sujetos discuten con sus padres (o con otros sujetos) por la
privacidad del espacio virtual personal, en la situación
de marcar los parámetros para acceder al espacio, definiendo criterios de
admisión. Los relatos analizados entregan diversos
elementos para poder suponer que la juventud contemporánea
tiene una experiencia espacial con las redes sociales, y no una experiencia de
uso práctico de una tecnología. Esto ofrece un
piso teórico para ampliar la manera en que se realizan las
investigaciones que hacen referencia a la relación entre juventud y redes
sociales. De hecho, existen trabajos como el de Suárez-Álvarez
y García-Jiménez (2021), en los que, luego de hacer una revisión
de las diversas publicaciones en torno a la relación entre jóvenes y redes
sociales, intuyen que el futuro de estas estará enfocado cada vez más en lo
emotivo, en desmedro de lo práctico. Las limitaciones que aparecieron en este
trabajo son principalmente dos. La primera refiere al tamaño de la muestra, ya
que la metodología que se escogió tiene un carácter exploratorio, por lo que no
es representativa. En este caso, las entrevistas sirven para profundizar el
conocimiento sobre el impacto de la experiencia virtual de las y los jóvenes
que fueron entrevistados. Esto permite establecer una idea del fenómeno, pero
no plantear afirmaciones generales con respecto a la juventud. La segunda limitante
se encuentra en el uso del método de
encadenamiento. Este permite acceder de manera eficiente a sujetos que, de lo
contrario, no habrían podido ser contactados, pero también se tiene el
riesgo de que su perfil se vaya volviendo homogéneo, perdiendo la riqueza de la
diferencia. En esta investigación se intentó resguardar la variedad,
seleccionando sujetos de distintas localidades de la región metropolitana, pero
pudo no ser suficiente. Una manera de hacerse cargo de estas limitaciones en
futuras investigaciones es diseñar instrumentos en base a encuestas, lo que
apuntaría a alcanzar resultados más representativos. Gracias a lo anterior es posible visualizar
distintas líneas para futuros trabajos. En primera instancia, desarrollar una
profundización en la manera que se caracterizan las y los jóvenes, en función a
cómo se relacionan con sus redes sociales, ya no como herramientas tecnológicas,
sino como espacios virtuales. Esto podría influir
directamente en futuros estudios en torno a juventud y todo lo que respecta a
internet, ya que aquellos no debieran concentrarse exclusivamente en el uso y
su medición. Teniendo en cuenta lo anterior, el siguiente
paso podría enfocarse en estrategias educativas o de políticas públicas en
torno a lo digital. Asumir que la juventud contemporánea
enfrenta a las redes sociales de una manera diferente a generaciones anteriores
invitaría a repensar el enfoque en que instituciones educativas o entidades
gubernamentales se inspiran para diseñar sus estrategias en
torno al uso de tecnologías de información y comunicación.
De esta misma manera, también podría
desarrollarse una línea que apunte a los mismos diseñadores y programadores
de plataformas y aplicaciones de internet, ya que la experiencia usuaria es muy
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*El artículo presenta la investigación para tesis doctoral «Jóvenes y redes sociales: una relación que se construye en el habitar», del programa Doctorado en Ciencias Sociales mención Estudios en Juventud, que imparte la Universidad Católica Silva Henríquez. Fecha de inicio: abril 2019. Fecha de finalización: enero 2024. Área: ciencias sociales. Subárea: antropología.
[1]Manera coloquial utilizada en Chile para decir que algo se toma en cuenta
[2] Manera coloquial y despectiva utilizada en Chile para referir a sujetos que pertenecen a un nivel socioeconómico alto
Para
citar este artículo: Alegría-Morán, J.
(2025). Juventudes y redes sociales: una
apropiación espacial del mundo virtual. Revista Latinoamericana de Ciencias
Sociales, Niñez y Juventud, 23(1), 1-22.
https://doi.org/10.11600/rlcsnj.23.1.6872