Estudios e investigaciones
DOI: 10.11600/rlcsnj.22.3.5407
Perfil emprendedor en estudiantes de educación superior chilenos*
Entrepreneurial profile among Chilean higher education students
Perfil empreendedor em estudantes chilenos do ensino superior
Felipe Quintano-Méndez Mg.1 0000-0002-4955-1976
Leonor Riquelme-Segura Ph. D.2 0000-0001-6154-5141
Jorge Morales-Pizarro Ing.3 0009-0004-8734-9519
Ingrid Balmaceda-Gallardo Mg.4 0009-0003-7100-4623
Gerald Manríquez-Bravo,Mg.5 0009-0009-1545-9555
1 Universidad de La Frontera, Chile,
Universidad Santo Tomás, Chile. Licenciado en Sociología y Sociólogo,
Universidad Católica de Temuco. Magíster en Psicología. Candidato a Doctor en
Ciencias Sociales, Universidad de La Frontera. Escuela de Psicología, Facultad
de Ciencias Sociales y Comunicaciones, Universidad Santo Tomás, Temuco, Chile.
0000-0002-4955-1976. H5: 3. Correo electrónico: felipe.quintano@ufrontera.cl
2 Universidad de La Frontera, Chile.
Asistente Social. Magíster en Psicología y Magíster en Desarrollo Humano, Local
y Regional. Doctora en Ciencias Sociales, Universidad de La Frontera.
Departamento de Trabajo Social, Universidad de La Frontera, Temuco, Chile.
Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo, Programa de Becas/Doctorado
Becas Chile/2020-21200848. 0000-0001-6154-5141. H5: 4. Correo electrónico: leonor.riquelme@ufrontera.cl
3 Instituto Profesional de Chile. Ingeniero
en Ejecución en Administración y Finanzas, Ingeniero Comercial y Magíster en
Administración y Finanzas, Universidad Mayor. Escuela de Administración y
Negocios del Instituto Profesional de Chile, Temuco, Chile.
0009-0004-8734-9519. H5: 0. Correo electrónico: jorge.morales@ipchile.cl
4 Instituto Profesional de Chile. Licenciada
en Administración de Empresas e Ingeniera Comercial, Universidad de las
Américas. Magíster en Gestión Educacional, Universidad Europea de Madrid.
Escuela de Administración y Negocios del Instituto Profesional de Chile,
Santiago, Chile. H5: 0. 0009-0003-7100-4623. Correo electrónico: ingrid.balmaceda@ipchile.cl
5 Instituto Profesional de Chile. Licenciado
en Ciencias de la Administración de Empresas e Ingeniero Comercial, Universidad
La República. Magíster en Dirección Comercial y Marketing, Universidad Mayor.
Escuela de Administración, Negocios y Servicios del Instituto Profesional de
Chile, Temuco, Chile. 0009-0009-1545-9555. H5: 0. Correo electrónico: gerald.manriquez@ipchile.cl
Recibido: 08.10.2022 Aceptado: 05.02.2024
Publicado: 22.11.2024
Resumen
(analítico)
En la actualidad el emprendimiento ha
alcanzado una posición relevante en la formación profesional. Por ello, la
presente investigación buscó identificar perfiles emprendedores en estudiantes
de la Escuela de Negocios y Administración del Instituto Profesional de Chile.
Para lo cual se conformó una muestra no probabilística compuesta por 240
estudiantes. Los resultados obtenidos arrojaron un alto nivel de conductas
emprendedoras, normas subjetivas, autoeficacia e intenciones emprendedoras, así
como la descripción de cuatro clústeres: emprendedor intrínseco, emprendedor
informal, emprendedor por necesidad y no emprendedor. Dichos resultados brindan
nueva información sobre el emprendimiento en jóvenes, la que podría ser
vinculada a procesos formativos, prácticas pedagógicas, capacitación del cuerpo
docente, vinculación con el medio y diseños de perfil de egreso de estudiantes
de las carreras de administración y negocios.
Palabras
clave:
Emprendimiento; desarrollo de competencias; educación profesional; jóvenes;
análisis cuantitativo. Tesauro de la Unesco.
Abstract (analytical)
Entrepreneurship currently
has a relevant position in vocational
training. This study sought to identify
entrepreneurial profiles among students in the Faculty of Business and Administration at the Instituto
Profesional de Chile. A non-probabilistic sample of 240 students was used. The
results of the research showed a high level of entrepreneurial
behaviors, subjective norms, self-belief and entrepreneurial intentions, as well as the identification
of four different profiles: natural entrepreneur,
informal entrepreneur, entrepreneur
due to necessity
and non-entrepreneur. These
results provide new information about entrepreneurship among young people that
can be used to inform educational processes, pedagogical practices, teacher training, developing links with local settings and the design of graduate profiles for business
and administration degrees.
Keywords: Entrepreneurship;
competence development; vocational education; youth; quantitative analysis.
Resumo
(analítico)
Atualmente, o empreendedorismo alcançou uma posição relevante na formação profissional.
Por isso, esta investigação
procurou identificar perfis
empreendedores em estudantes
da Escola de Negócios e Administração
do Instituto Profissional do Chile. Para o efeito, foi constituída
uma amostra não probabilística de 240 estudantes.
Os resultados obtidos revelaram
um elevado nível de comportamentos empreendedores,
normas subjectivas, auto-eficácia
e intenções empreendedoras,
bem como a descrição de quatro grupos: empreendedor
intrínseco, empreendedor informal, empreendedor por necessidade e não-empreendedor. Estes
resultados fornecem novas informações
sobre o empreendedorismo nos jovens,
que podem ser relacionadas com
os processos educativos, as práticas
pedagógicas, a formação de professores,
a relação com o meio ambiente e a conceção do
perfil do licenciado para os alunos dos cursos de gestão e administração.
Palavras-chave: Empreendedorismo;
desenvolvimento de competências;
educação profissional; jovens; análise quantitativa.
Introducción
Chile se destaca por ser un país con una
mayor tasa de emprendimientos en comparación con países de la OCDE (Baier-Fuentes et al., 2018). En este contexto, el
emprendimiento ha sido fuente de gran interés por su promoción profesional y
económica dentro de los distintos países y sociedades (Sepúlveda et al., 2017);
a su vez, está anclado a los cambios sociales dentro de los últimos veinte
años, donde el foco en el emprendimiento da cuenta de un acople entre
instituciones y el nuevo escenario mundial, donde se destaca la generación de
conocimiento y avance tecnológico dentro del ámbito científico (Bueno & Casani, 2007).
Así mismo, investigaciones sobre el
emprendimiento en jóvenes han sido ampliamente desarrolladas (Valenzuela-Keller
et al., 2021), captando la atención dentro la comunidad académica sobre este
tema (Liñán & Fayolle, 2015; Vélez et al., 2020).
De acuerdo a lo anterior, una de las nuevas tareas de las universidades sería
asumir el estímulo del emprendimiento dentro de la comunidad universitaria como
una forma de aportar al desarrollo local y regional, acoplarse con los
estímulos del entorno (Colther et al., 2020; Heaton
et al., 2019; Sepúlveda et al., 2017) y fortalecer el emprendimiento joven
empresarial en un escenario de crisis de empleo (García-García, 2015).
Lo anterior es coherente con la tercera
misión de la universidad, ya que esta se enfoca en el desarrollo y uso de la
tecnología y del conocimiento más allá de sus lindes, como parte su rol social
(Galindo et al., 2011). Para desempeñar de mejor manera esta misión, se ha
dividido en tres dimensiones: la primera apunta al emprendimiento como creador
de valor; la segunda a la innovación y transferencia del conocimiento; y la
tercera al compromiso social hacia el desarrollo local (González-Cadena et al.,
2021).
En este escenario, la enseñanza del
emprendimiento ha alcanzado un auge a nivel universitario, materializándose en
la integración de cursos y programas de emprendimiento en el currículo (Kuratko, 2003), en el marco del cuestionamiento de la
relación entre la productividad del país y la educación (Vera-Sagredo et al.,
2020). Esto último toma vital relevancia considerando los impactos de la
pandemia por covid-19 (Liñán & Jaén, 2022) y, además, en el marco de la
celebración de los 75 años de la educación empresarial, la cual continúa su
desarrollo y atención global ante los cambios constantes del entorno (Winkler
et al., 2022).
Una formación adecuada sobre el
emprendimiento permite el acceso a mayores conocimientos y una mejora en las
actitudes hacia aquel (Winkler et al., 2022). Con esto, los procesos formales
de enseñanza universitaria dan cuenta de que la educación sobre el
emprendimiento es la vía para su promoción (Fayolle
et al., 2016; Martins et al., 2022; Valenzuela-Keller
et al., 2022); lo cual se articula a lo planteado por Krueger y Brazeal (1994), quienes indican que no basta con la
existencia de la oportunidad para emprender, sino que personas formadas deben
ser capaces de aprovecharla.
En este sentido, Beltrán et al. (2016)
expresan que una alta exposición a experiencias de formación emprendedoras
genera una mayor capacidad de desarrollo individual y en una mayor probabilidad
de desarrollar un emprendimiento futuro. Así mismo, variables como el nivel de
avance dentro de la carrera, la universidad o el género podrían influir las
intenciones emprendedoras de los y las estudiantes (Byabashaija
& Katono, 2011; Valencia-Arias &
Marulanda-Valencia, 2019).
Por tanto, se observa como la enseñanza del
emprendimiento se vincula con las trayectorias y experiencias de los propios
estudiantes, siendo su formación de vital importancia dentro de las
instituciones de educación superior.
Conceptualización
del emprendedor/a
La figura del emprendedor se ha materializado
como ejemplar dentro del neoliberalismo y se entiende como motor de la sociedad
(Larroulet & Ramírez, 2007); además, es un elemento relevante para fomentar
el crecimiento económico en las sociedades latinoamericanas (Camacho, 2007).
Larroulet y Ramírez (2007), describen al
emprendedor como un sujeto racional capaz de generar y aprovechar oportunidad.
A esto, Flores (1994) agrega que el emprendedor es
una persona o un
grupo de personas que se comprometen a trabajar un mundo de anomalías en un
espacio de preocupaciones humanas; que se compromete a hacerse cargo de
cultivar un cierto estilo, la rareza del estilo y, finalmente, que crea un
espacio nuevo para hacer esta organización. (1994, p. 9)
Para Lee y Peterson (2000), el espíritu
emprendedor se presenta como un «don» adquirido y aprendido. Este permite a los
individuos percibir oportunidades y combinar el conjunto de los factores
productivos «clásicos» de manera novedosa para lanzar nuevos productos,
satisfacer necesidades o mejorar la eficiencia de los procesos productivos
existentes, incrementando, con ello, el producto y la riqueza de las
colectividades. Por otro lado, Villa (2008) expresa que el espíritu emprendedor
posee una consideración con el entorno social, ya que este se genera con el
deseo y la capacidad de cambiar una situación propia o ajena, a fin de crear
nuevas condiciones que sean de mayor beneficio para el individuo y el entorno
social.
Tal como se viene relatando, no existe una
única definición de emprender o emprendedor/a (Olozagaste
et al., 2017), siendo posible encontrar, en algunos casos, posturas
contradictorias (Vera & Espinosa, 2020). En este sentido, Puello-Socarrás
(2010), establece que se pueden identificar dos escuelas: la escuela
anglosajona establece la figura del hombre económico y racional, mientras la
escuela austriaca la del hombre emprendedor, como aquel que hace frente a los
riesgos y cambios constantes del entorno. Puello-Socarrás (2010) plantea que,
si bien existen diferencias sustanciales entre ambas figuras, estas poseen como
centro de su configuración al individualismo. En este sentido, el emprendedor/a
se habría transformado en una figura anecdótica que resaltaría particulares
personales. Lo anterior, se arraigaría en el planteamiento de Ibarra (2008) de
un superhombre, caracterizado por la experiencia, el rol, la preparación, la
adaptabilidad y la personalidad.
Intenciones
y motivaciones emprendedoras
La intención de emprender no se puede
concebir como una idea sin acción, sino que ambas están ligadas como un proceso
iterativo cognitivo (Pham et al., 2021). Ello ha sido
planteado por Ajzen (1991), bajo la teoría del
comportamiento planificado, las cual establece que las actitudes, las normas
subjetivas y la autoeficacia empresarial de la persona impactan en el
desarrollo de la intención emprendedora (Donaldson et al., 2021).
En este sentido, ya no solo se reconocen
intenciones y motivaciones por emprender como la satisfacción de las
necesidades, lo que puede variar de acuerdo a la personalidad y habilidad del
sujeto (Barba-Sánchez & Atienza-Sahuquillo,
2012), sino que también factores vinculados a la interacción social. Ello es un
signo de la búsqueda teórica por robustecer las investigaciones sobre las
motivaciones e intenciones emprendedoras (Marulanda et al., 2014).
Acorde a las motivaciones del sujeto por
emprender, dentro de la literatura emerge el concepto de intenciones
emprendedoras. Estas pueden ser definidas como una valoración personal, que
podría ser negativa o positiva hacia el emprendimiento (Ajzen,
1991). Así mismo, pueden ser conceptualizadas como el compromiso de realizar
una conducta que impulsa el proceso de iniciación de un negocio (Palmer et al.,
2021).
Ante esto, Veciana
(2005) presenta cinco factores que intervienen en la decisión de creación de
una empresa: el primero se vincula a la identificación de una oportunidad
empresarial; otro factor se relaciona con los factores de producción, seguido
por el mercado en cual se desea funcionar, la estrategia a utilizar y la
preparación de la persona con respecto a lo anterior. Esto se vincula
estrechamente con los resultados de Liñán y Fayolle
(2015), quienes dan cuenta que el área de mayor interés dentro de la academia
hace alusión a cómo la personalidad y los aspectos psicológicos individuales
impactan en las intenciones emprendedoras, además de características
sociodemográficas.
Por su parte, el entorno social sería una
variable incidente dentro de las intenciones emprendedoras, por lo cual las
normas subjetivas podrían ser identificadas como la influencia social de
personas relevantes para el sujeto, como la familia, amigos y compañeros de
trabajo (Ajzen, 1991). A su vez, se ha identificado
que aspectos culturales también se posicionan como una variable de incidencia
tanto de las intenciones emprendedoras como en los mecanismos de emprendimiento
(Liñán et al., 2021), al impactar en un mayor o menor apoyo a este (Kibler et al., 2014).
Por otro lado, es posible distinguir el
emprendimiento por oportunidad (el cual se basa en la iniciativa de explotar
una oportunidad como principal fuente de motivación) del emprendimiento por
necesidad (que se establece cuando el contexto no ofrece alternativas de
sustento económico; Benz, 2009). Con respecto a este último, se ha evidenciado
que se desarrolla en economías más débiles, a diferencia del emprendimiento por
oportunidad, el cual emerge mayormente en economías desarrolladas (Amorós et
al., 2011). Según Díaz et al. (2013), los países menos desarrollados impulsan
emprendimientos al no existir otras maneras de empleabilidad. Además, se
presenta un consenso académico respecto al bajo impacto que tiene el
emprendimiento por necesidad en el crecimiento económico (Sautet,
2013).
En contraposición, el emprendimiento por
innovación se consideraría el tipo que aporta al crecimiento económico. Es así
que la distinción entre países cobra vital relevancia ya que, si bien la gran
mayoría posee emprendimientos por innovación, su concentración sería más
evidente en países desarrollados (Urbano et al., 2016).
Otra forma de distinción del emprendimiento
se establece en el grado de formalidad, donde el informal sería aquel en que el
sujeto participaría activamente en la creación y organización de una empresa
que no ha sido registrada de manera institucional ante instancias legales (Autio & Fu, 2015). Por su parte, el emprendimiento
formal sería aquel registrado ante autoridades nacionales (Autio
& Fu, 2015). Una investigación vinculada al emprendimiento formal e
informal (Autio & Fu, 2015) arrojó que el
emprendimiento informal ha tenido menor atención por parte de la academia (en
comparación con el emprendimiento formal), debido a su dificultad de medición.
Ahora bien, en el actual escenario ético de
impacto social y medioambiental, surge el emprendimiento social. Este busca
solucionar problemáticas que aquejan a la población desde un punto de vista
privado, de manera que los objetivos sociales se posicionarían por sobre los
económicos (Bargsted, 2013; Blanco et al., 2012). El
emprendimiento social buscaría recodificar las pautas y valores traspasados por
el modelo neoliberal al centrarse en el individuo y en la búsqueda del
beneficio personal, pero, a su vez, con una proyección en lo social (Blanco et
al., 2012). En efecto, se evidenciaría que las prácticas de emprendimientos
sociales se destacarían por evaluar el impacto en las interacciones, tanto con
la sociedad como con el medioambiente (Vera et al., 2019). En este sentido,
existiría una diferenciación entre el emprendedor tradicional y el social. El
primero presentaría como principales motivaciones la competitividad y la
autopromoción (Carter et al., 2017). Por su parte, el emprendedor social
buscaría la justicia y la equidad para los excluidos socialmente, centrando su
motivación en el bien común (Carter et al., 2017).
Jóvenes
y emprendimiento
La juventud es considerada una etapa de
búsqueda de identidad, en la que los y las jóvenes se enfrentan a una serie de
procesos vinculados a la transición entre la adolescencia y ser adulto. En ella
se evidencia una mayor autorregulación y un manejo económico más eficiente (Arnett, 2000; Barrera-Herrera & Vinet, 2017;
Barrera-Herrera et al., 2020), y el emprendimiento se posiciona como una forma
de disminución de la incertidumbre ante un escenario de crisis del empleo
(García-García, 2015).
En el caso específico de jóvenes (15 a 29
años de edad), el emprendimiento antes de la pandemia en países como México o
España había alcanzado un significativo desinterés. Ello pudiese ser atribuido
a varios factores, tanto culturales como contextuales, ya que las sociedades
sometidas a un mayor nivel de incertidumbre se pueden diferenciar de aquellas
con un menor nivel de riesgo (Olozagaste et al.,
2017). Del mismo modo, emprendedores jóvenes, aunque pueden ser más activos,
poseen mayores problemas para la obtención de financiamiento, producto a la
falta de credibilidad y experiencia (Dvouletý et al.,
2018).
Una investigación realizada por
Valenzuela-Keller et al. (2021), en la cual participaron 380 jóvenes chilenos
de la ciudad de Talca, entre 18 y 25 años de edad, da cuenta que la exposición
a actividades emprendedoras impactaría favorablemente en el nivel de motivación
por emprender, transformando a la edad en un factor clave. Por lo cual sería
necesario focalizar estrategias de enseñanza y aprendizaje según rangos
etarios.
De igual forma, en Chile, una investigación
llevada a cabo en la ciudad de Antofagasta (Gaete, 2015), obtuvo que
voluntariados universitarios brindarían una importante oportunidad para
vincular la comunidad con las instituciones educacionales, debido a que
estudiantes pueden aportar con conocimientos en gestión y apoyar la búsqueda de
emprendimientos más sustentables.
En base a lo expuesto, resulta relevante la
caracterización de perfiles emprendedores de estudiantes, a fin de proporcionar
información que contribuya a los procesos educativos, tanto curriculares como
pedagógicos, que vinculen la formación de futuros profesionales con el quehacer
profesional, al modelo educativo universitario y al perfil de egreso en
carreras donde el emprendimiento constituiría un eje central. Por ello, la presente
investigación busca identificar perfiles emprendedores de estudiantes de la
Escuela de Administración y Negocios del Instituto Profesional de Chile.
Método
Diseño
El enfoque de la investigación es
cuantitativo y responde a un diseño transversal no experimental con alcance
correlacional (Cea, 1996; Hernández et al., 2016).
Participantes
A través de un muestreo no probabilístico por
conveniencia (Cea, 1996), se seleccionaron estudiantes de primer a cuarto año
de las distintas carreras de la escuela de Negocios y Administración del
Instituto Profesional de Chile, en las ciudades de La Serena, Santiago,
Rancagua y Temuco, además de la sede virtual.
Un total de 269 estudiantes respondieron el
instrumento, de los cuales 240 respuestas fueron consideradas válidas, luego de
excluir casos atípicos y duplicados. El promedio de edad fue de 32.68 años (DS
= 9.17), con una mediana de 32 años (entre 17 a 58 años de edad). Respecto al
sexo, el 38.8% se identificó como hombre y el 61.3% se declaró como mujer. Por
otro lado, el 28.3% estudia en jornada diurna y un 71.7% en jornada vespertina.
Finalmente, del total de casos válidos, el 33.8% manifestó poseer un
emprendimiento, donde el 68.29% correspondería a uno informal; un 63.8% señaló
intentar implementar algún tipo de emprendimiento y un 74.2% de los estudiantes
expresó que un familiar o amigo cercano posee un emprendimiento en la
actualidad.
Instrumento
Se empleó el cuestionario de intención
emprendedora diseñado por Rueda et al. (2015), el cual se integra de la escala
de intención emprendedora y de tres componentes de la teoría del comportamiento
planificado (actitud, norma subjetiva y autoeficacia), establecido por Ajzen (1991). La escala de intención emprendedora posee
cuatro ítems, con puntuaciones que van de 1 a 7, donde 1 corresponde a nada y 7
a totalmente. Esta escala ha reportado una consistencia interna adecuada de .91
(Laguía et al., 2017).
La subdimensión actitud hacia la conducta
emprendedora posee un conglomerado de seis ítems con puntuaciones de 1 a 7,
donde 1 = totalmente improbable y 7 = totalmente probable. Del mismo modo,
posee otro grupo de seis ítems idénticos, cambiando la opción de respuesta, que
va de 1 a 7, donde 1 = nada deseable y 7 = totalmente deseable. Presentando una
consistencia interna adecuada de .82 (Laguía et al.,
2017).
La subdimensión norma subjetiva consta de
tres ítems sobre la influencia de personas significativas para estudiantes
(familiares, amigos y compañeros o colegas). Las opciones de respuesta son tipo
Likert que van de 1 a 7, donde 1 = nada de acuerdo y 7 = totalmente de acuerdo.
A su vez, posee otro conjunto de tres ítems, donde se diferencian por poseer
puntuaciones que van de 1 a 7, donde 1 = nada importante y 7 = muy importante.
Presenta una consistencia interna adecuada de .83 (Laguía
et al., 2017).
Finalmente, la subdimensión de autoeficacia
emprendedora consta de seis ítems con puntuaciones que van de 1 a 7, donde 1 =
totalmente ineficaz y 7 = totalmente eficaz. Evidencia una consistencia interna
adecuada de .77 (Laguía et al., 2017).
En la presente investigación se reportó un alpha de Crombach de .950 para
intención emprendedora, de .843 para la subdimensión actitud hacia la conducta
emprendedora, de .959 para la subdimensión norma subjetiva y de .952 para
subdimensión autoeficacia emprendedora.
Procedimiento
El cuestionario fue aplicado en línea a
través de un enlace direccionado a estudiantes por los directores de carrera en
cada una de las sedes del Instituto Profesional de Chile. El período de
aplicación correspondió al mes de noviembre y la primera semana de diciembre de
2021, durante la emergencia sanitaria producida por el covid-19. Se procuró que
la aplicación no fuera realizada de manera paralela con los exámenes finales.
El tiempo considerado para contestar el cuestionario fue de ocho minutos
aproximadamente.
Análisis
de datos
Los datos fueron procesados en el software
SPSS (versión 23). En un primer momento se procedió a excluir del análisis los
casos duplicados y los datos atípicos por medio del puntaje z (Myers, 2011).
Gracias al procedimiento anterior, la muestra se logró establecer en 240 casos.
Posteriormente, se realizaron análisis estadísticos univariantes considerando
medidas de tendencia central, dispersión y forma para las variables de
caracterización y las variables de análisis de la escala de intenciones
emprendedoras. Paralelamente, se procedió a establecer un análisis de
correlación, con la finalidad de observar asociaciones entre las subdimensiones
de la escala de intenciones emprendedoras (Blalock,
1994; Ritchey, 2008).
Para la generación de clústeres (Hair et al., 1999; Vivanco, 1999), se ingresaron los ítems
de las variables de la escala de intenciones emprendedoras (actitud, norma
subjetiva y autoeficacia) e intensión emprendedora, mediante el Two Step Clusters Analyses no jerárquico en el software SPSS. Para la
determinación de los conglomerados se utilizó la medida de log-likelihood y el criterio bayesiano de Schwartz para su
aglomeración (Hair et al., 1999; Vivanco, 1999). Las
diferencias entre clústeres, en cuanto a las medidas del perfil emprendedor, se
realizaron mediante análisis de Anova de un factor.
Para determinar el tamaño del efecto se recurrió a la D-Cohen (Cohen, 1988),
reportado en el software Jasp. Finalmente, el cálculo
de la potencia estadística se realizó al modelo Anova,
en modo post hoc, mediante el software G*Power.
Consideraciones
éticas
La participación fue totalmente voluntaria,
quedando esto expresado en la presentación del cuestionario, donde se indicaba
que él o la estudiante estaba en la libertad de abandonar el cuestionario en el
momento que estimase conveniente. Además, no se solicitó información que
permitiese individualizar o identificar a estudiantes a fin de resguardar su
identidad.
Resultados
Análisis
exploratorio
El análisis exploratorio de las variables
vinculadas a las subdimensiones evidenció una alta valoración de las distintas
variables, considerando que la moda es igual al puntaje máximo de cada escala,
además de una mediana y media cercanas al 7. Esta fue una posición generalizada
dentro de los estudiantes, quienes presentaron una baja variabilidad de los
datos.
La escala con menor valoración, en
comparación con las otras variables, hace alusión a la norma subjetiva (tabla 1). No obstante, se observa una alta valoración del apoyo e influencia de
familiares, amigos y cercanos en cuanto a intenciones emprendedoras. Del mismo
modo, se observa que los estudiantes consideran de gran relevancia la
generación de emprendimientos asociados a la motivación social y personal.
Tabla 1 Estadísticos
descriptivos escala de intenciones emprendedoras

Si observamos la normalidad desde
estadísticos como Kolmogorov, se obtiene un nivel de
significancia que rechaza H0, es decir, los datos no son normales (p <
.0001). No obstante, estas medidas son restrictivas cuando se trabaja desde las
ciencias sociales. Por ello, se suele optar por el estadístico de asimetría
para comprobar la normalidad de los datos cuando la medida de medición es
categórica, considerando un rango entre -2 y 2 para demostrar la normalidad de
los datos (Field, 2009; Gravetter & Wallnau, 2014; Trochim &
Donnelly, 2006). Ante esto último, se puede indicar que los datos poseen una
distribución normal, lo cual posibilita la aplicación de la técnica de Anova.
Respecto de la homocedasticidad, la prueba de
Levene (1960) nos muestra que existe una diferencia significativa en conducta
emprendedora, norma subjetiva, autoeficacia emprendedora e intención
emprendedora (p < .05), por lo que no se cumple el supuesto de homogeneidad
de la varianza, mientras que la variable edad sí lo cumple (p = .302).
En lo que respecta a las asociaciones entre
las distintas variables, se observó la existencia de una relación
estadísticamente significativa y moderada entre actitudes, auto-eficacia e
intención emprendedora (tabla 2). Cabe mencionar que, si bien es significativa
la relación, la norma subjetiva posee una asociación baja con las demás
subdimensiones.
Tabla 2 Correlaciones
bivariantes intenciones emprendedoras

Nota. **La correlación es
significativa en el nivel .01 (bilateral).
Perfiles
de intenciones emprendedoras
El análisis de clúster bietápico
dio cuenta de cuatro perfiles emprendedores en estudiantes de la escuela de
Negocios y Administración del Instituto Profesional de Chile. La conformación
de clúster arrojó una medida de cohesión y separación de .2, considerado como
suficiente para la distinción entre los distintos perfiles. Los ítems que más
aportaron a la conformación del clúster fueron «mantener bajo control el
proceso de creación de una nueva empresa», «definir idea de negocio y la
estratégica de una nueva empresa», «reconocer oportunidades en el mercado para
nuevos productos o servicios» y «enfrentarse a nuevos retos». El primer clúster
quedó compuesto por 120 casos (50%), el segundo por 60 (25%), el tercero por 36
(15%) y el cuarto por 24 (10%).
El primer clúster se caracterizó por estar
mayoritariamente compuesto por mujeres (61.7%), con una media de 32 años (DS =
8.9), con un mínimo de 17 y un máximo de 56 años, quienes estudian en jornada
vespertina (65.8%) y con un rango de año de ingreso que comprende desde el 2016
al 2021. Por otro lado, el 40% posee actualmente un emprendimiento, del cual el
71.4% declaró que es informal. Del mismo modo, el 71.7% del total expresó que
ha intentado implementar un emprendimiento. En lo que respecta a familiares y
amigos cercanos, el 74.2% declaró que sí poseen un emprendimiento, del cual el
38% era informal. Finalmente, este clúster se destacó por poseer una media superior
en las actitudes hacia la conducta emprendedora (M = 6.6; DT = .5), norma
subjetiva (M = 5.9; DT = 1.5), autoeficacia emprendedora (M = 6.7; DT = .3) e
intención emprendedora (M = 6.6; DT = .7) en comparación a los demás
conglomerados.
El segundo clúster quedó compuesto en su
mayoría por mujeres, siendo levemente mayor al primer clúster (65%). El
promedio de edad se posicionó en los 31 años (DS = 9.3), con un mínimo de 18 y
un máximo de 55 años. Un 76% estudiaba en jornada vespertina y tenía un rango
de año de ingreso entre 2015 al 2021. El 30% declaró poseer un emprendimiento,
siendo un porcentaje inferior al clúster 1. Del total de quienes poseen uno, el
77.7% indicó que era informal. Por otro lado, el porcentaje de estudiantes que
había intentado implementar un emprendimiento es menor al clúster 1, llegando
al 65%. En cuanto al porcentaje de familiares y amigos cercanos que poseía un
emprendimiento, se obtuvo un porcentaje cercano al primer clúster,
posicionándose en un 73.3%, del cual el 36.9% era informal. En cuanto a las
medidas de emprendimiento, si bien presentó medias menores al clúster anterior,
continuó siendo superior al punto medio y por sobre los clústeres 3 y 4. Los
estadísticos descriptivos fueron: M = 6.2 (DT = .3) para las actitudes hacia la
conducta emprendedora, M = 5.8 (DT = .9) para norma subjetiva, M = 6.1 (DT =
.4) para autoeficacia emprendedora y M = 6.3 (DT = .6) para intención
emprendedora.
El tercer clúster presentó un 50% de mujeres,
lo cual lo diferencia de los anteriores, ya que poseían un porcentaje mayor de
mujeres. El promedio de edad se posicionó en 32.3 años (DS = 10.6), con edades
entre 20 a 58 años. Un mayor porcentaje estudiaba en jornada vespertina en
comparación con los dos clústeres previos, correspondiendo al 86.1 % y con
rango de ingreso entre 2013 y 2021. En lo que respecta a las características de
prácticas emprendedoras, el 19.4% posee un emprendimiento, lo que lo posiciona
como el grupo con menor nivel de los cuatro clústeres. Del 100% que poseía uno,
el 42.8% era informal, presentando un mayor nivel de formalidad que los
clústeres 1 y 2. Lo anterior se vincula con las intenciones de emprender un
negocio, ya que el 38.9 % ha intentado implementar un emprendimiento y el 77.8%
de los familiares o amigos cercanos sí posee uno. El clúster presentó los
siguientes estadísticos descriptivos para actitudes hacia la conducta
emprendedora: M = 5.0 (DT = .6), para norma subjetiva M = 4.8 (DT = 1.5), para
autoeficacia emprendedora M = 5.2 (DT = .6) y para intención emprendedora M =
5.0 (DT = .7).
El cuarto clúster se caracterizó por ser el
conglomerado con mayor porcentaje de mujeres, correspondiente al 66.7%, con un
promedio de edad de 34.1% (DS = 7.87) y edades entre los 19 y 49 años. El 66.7%
estudiaba en jornada vespertina y el 33.3% ingresó en un rango desde el 2015 al
2021. Por otro lado, el 66.7% poseía un emprendimiento, del cual el 50% era informal.
De este grupo, el 58.3% había intentado implementar uno y el 70.8% tenía un
familiar o amigo cercano con un emprendimiento. Finalmente, este clúster
presentó los siguientes estadísticos descriptivos para actitudes hacia la
conducta emprendedora: M = 3.7 (DT = 1.2), para norma subjetiva M = 4.0 (DT =
1.6), para autoeficacia emprendedora M = 4.2 (DT = 1.9) y para intención
emprendedora M = 5.3 (DT = 1.8).
Al momento de estudiar las diferencias entre
los clústeres, se procedió a observar los resultados del análisis de Anova. Este indicó una diferencia estadísticamente
significativa entre los clusters para actitudes hacia
las conductas emprendedoras (X2(2) = 184.933, p < .0001, dCohen
= .702), para norma subjetiva (X2(2) = 16.348, p < .0001; dCohen = .172), para autoeficacia emprendedora (X2(2) =
96.615, p < .0001; dCohen = .551) y para intención
emprendedora (X2(2) = 43.663, p < .0001; dCohen =
.357). Por otro lado, no se observó una diferencia estadísticamente
significativa según edad (X2(2) = .395, p = .757; dCohen
= .005). En cuanto al tamaño de efecto los resultados reportados (dCohen), estos dan cuenta de la existencia de un moderado
efecto para conductas emprendedoras y autoeficacia emprendedora, de un pequeño
efecto para intención emprendedora y la inexistencia de efecto para norma
subjetiva y la variable edad al presentar valores menores a .20 (Cohen, 1988).
Cabe destacar que el cálculo de potencia
estadística arrojó un valor de 1.0 para actitudes hacia las conductas
emprendedoras, de 1.0 para para autoeficacia emprendedora y de .99 para
intención emprendedora. Un valor igual o superior a .80 implicaría un bajo
riesgo de incurrir en un error tipo II y que la magnitud de las diferencias
entre las medias de los grupos es alta. En cambio, el cálculo de potencia
estadística para norma subjetiva arrojó un valor de .75, lo cual implicaría una
menor capacidad predictiva para medir significativamente el efecto (Cárdenas
& Arancibia, 2014; Glantz, 2006).
De manera complementaria, se procedió a
realizar la prueba post hoc de Games Howell, la cual
asume varianzas heterogéneas. Sus resultados son coherentes con los reportados
con anterioridad, ya que se observa una diferencia estadísticamente significativa
(p < .0001) entre los cuatros clústeres para las actitudes hacia conducta
emprendedora, como también para intención emprendedora. Esto no sucede para
norma subjetiva, donde se observó que no existe una diferencia estadísticamente
significativa entre los clústeres 1 y 2 (p = .999), 3 y 4 (p = .213).
Finalmente, para autoeficacia emprendedora no existe una diferencia
estadísticamente significativa entre el clúster 3 y 4 (p = .097).
En resumen, el primer clúster podría ser
entendido como el grupo con un mayor perfil emprendedor intrínseco y con un
alto porcentaje de emprendedores (solo por debajo del clúster 4) y con un mayor
porcentaje de personas cercanas con un emprendimiento. En cambio, el grupo 2
podría ser entendido como aquellos con un alto perfil emprendedor informal,
destacando por su alto perfil emprendedor y mayor porcentaje de personas sin un
emprendimiento formal. En cambio, el tercer clúster, podría ser visto como el
de los no emprendedores, ya que solo el 19% posee un emprendimiento y estaría
compuesto por un mayor porcentaje de hombres y con un menor puntaje dentro de
las medidas del perfil emprendedor. Finalmente, el cuarto clúster podría ser
comprendido como los emprendedores por necesidad, ya que si bien presenta un
alto porcentaje de estudiantes que tienen un emprendimiento, es aquel grupo con
una menor puntuación dentro del perfil emprendedor, denotando que sus
emprendimientos no surgen desde la motivación del perfil tradicional teórico
del emprendedor, sino que se habrían sido motivados por otras necesidades al
iniciar un negocio propio.
Discusión
El objetivo de la presente investigación fue
identificar los perfiles emprendedores de estudiantes de la Escuela de Negocios
y Administración del Instituto Profesional de Chile. Lo anterior, sustentado en
el interés que estos poseen dentro de las distintas instituciones de educación
superior como medio para acoplar el quehacer científico, el traspaso del
conocimiento y la tecnología y el desarrollo local (Bueno & Casani, 2007; Colther et al.,
2020; Galindo et al., 2011; González-Cadena et al., 2021; Heaton et al., 2019;
Sepúlveda et al., 2017). El dar cuenta de perfiles de estudiantes permite
orientar procesos formativos y observar cómo estos van forjando intenciones
emprendedoras en estudiantes y egresados.
El análisis descriptivo arrojó un alto nivel
de conductas emprendedoras, normas subjetivas, autoeficacia e intenciones
emprendedoras, lo cual se equipara con lo planteado
por Baier-Fuentes et al. (2018), al considerar a
Chile como un país con altas tasas de emprendimientos en comparación con otros
países de la OCDE.
El análisis de clúster permitió reconocer
cuatro perfiles emprendedores dentro de la población analizada. El primero se
denominó emprendedor intrínseco, el segundo emprendedor informal, el tercero no emprendedores y el cuarto como emprendedor por
necesidad. Respecto de ello, las categorías descubiertas darían cuenta de la
identificación de diversos tipos de perfiles y emprendimientos, lo que implicaría
—tanto teórica como empíricamente— que no es posible hacer referencia al
emprendimiento de manera global. Más bien, sería necesario reconocer la
existencia de diversos tipos de emprendimientos, conformados por diversas
características, motivaciones y consecuencias (Amodóvar,
2018; Olozagaste et al., 2017; Vera & Espinoza,
2020).
En la misma línea, podemos catalogar al
clúster 1 como un perfil tradicional del emprendedor; es decir, aquel con una
motivación intrínseca por emprender y que es capaz de aprovechar las
oportunidades (Flores, 1994; Larroulet & Ramírez, 2007; Lee & Peterson,
2000), lo cual se relacionaría con un alto nivel de emprendimientos dentro del
círculo social. Esto último recoge los esfuerzos por complejizar el análisis de
las intenciones emprendedoras a no solo centrarse en el sujeto, sino a
considerar el impacto que puede tener el contexto educacional, social y
cultural (Fayolle et al., 2016; Kibler
et al., 2014; Liñán & Fayolle, 2015; Martins et al., 2022; Valenzuela-Keller et al., 2022). Por
tanto, no bastaría con considerar un contexto de oportunidad, sino que sería
necesario observar la formación de las personas que las lleva a desenvolverse y
aprovechar dicha oportunidad (Krueger & Brazeal,
1994).
Por otro lado, se evidencia la generación de
emprendimientos informales, es decir, de aquellos que no están registrados o
inscritos de manera oficial (Autio & Fu, 2015).
En este grupo se destaca un gran porcentaje de mujeres con una alta puntuación
dentro de las variables de emprendimiento. Ello no significa que estos
elementos no se encuentren de manera transversal dentro de los distintos
clústeres, ya que, por ejemplo, el emprendimiento por necesidad (en sociedades
con un alto nivel de precariedad y desigualdad como la chilena) posee una mayor
concentración (Almodóvar et al., 2020; Urbano et al., 2016).
Por su parte, en el cuarto clúster se
encuentran personas con un bajo nivel emprendedor, pero con un alto porcentaje
de emprendimientos. Esto nos permite sugerir, por ejemplo, que asumir
oportunidades no sería la principal fuente motivacional de este grupo. En dicho
contexto, se visualiza como una posibilidad que, ante una sociedad como la
chilena y durante la pandemia de covid-19, las necesidades de ingresos se
habrían posicionado como una motivación relevante en el momento de emprender
(Almodóvar et al., 2020; Díaz et al., 2013; Sauret,
2013).
Adicionalmente, se observa un grupo que posee
un bajo nivel de emprendimiento y una baja puntuación en las variables
emprendedoras. Además, este se caracteriza por poseer un mayor porcentaje de
hombres en comparación con otros clústeres. Si bien no se observa una
diferencia estadísticamente significativa, existe evidencia que considera al
género como una variable moderadora dentro de las intenciones emprendedoras (Byabashaija & Katono, 2011;
Valencia-Arias & Marulanda-Valencia, 2019). Por ello, es necesario indagar
por las percepciones de este grupo sobre el emprendimiento, estableciendo de
manera comparativa variables como el género.
Una limitación importante a considerar dentro
de la presente investigación es la poca relevancia que le otorga la escala
utilizada a diversas facetas del emprendimiento, como el emprendimiento social.
En efecto, la conceptualización del emprendimiento, a pesar de los esfuerzos
teóricos, se construye desde una perspectiva más individualista, lo que conduce
a la generación de variables latentes y observables desde una perspectiva
teórica centrada en el sujeto. Por tanto, se establece como desafío futuro la
generación de nuevas escalas que amplíen las perspectivas conceptuales desde
las cuales se operacionalicen las variables, considerando la diversidad de tipologías
de emprendimientos existentes. Lo cual podría ser apoyado en los planteamientos
de Valenzuela-Keller et al. (2021), quienes expresan la necesidad de abordar el
emprendimiento desde distintos enfoques (como el motivacional).
Otra limitación emerge de los aspectos
metodológicos, ya que la presente investigación no considera un muestro
probabilístico. Con lo anterior, estos resultados solo dan cuenta de un
contexto y grupo en específico (es decir, no son extrapolables a otro grupo de
estudiantes). Además, al ser un estudio de tipo transversal y no longitudinal,
no permitiría afirmar si estos perfiles dan cuenta de un contexto de pandemia o
son prácticas que se mantienen en el tiempo.
Los hallazgos de esta investigación permiten
avanzar en la búsqueda y definición del tipo de emprendimiento que la
institución desea incentivar, ya que, como plantea Colther
et al. (2020), la enseñanza del emprendimiento es un tema incipiente; por lo
cual, se requiere de una mayor maduración al interior de las instituciones de
educación superior. Esto podría tener un impacto en el contenido formal, pero
también en las prácticas pedagógicas, la vinculación con el medio, la
capacitación del cuerpo docente y el perfil de egreso de estudiantes de
carreras de administración.
En este sentido, se concuerda con lo
planteado por Sepúlveda et al. (2017) en relación a que futuras investigaciones
pudiesen estar ligadas a la indagación de las conceptualizaciones de
emprendimiento que poseen distintas profesiones, para así evidenciar los
postulados epistemológicos e ideológicos bajo los cuales se construye la figura
del emprendedor y del emprendimiento, y cómo esto incidiría en los procesos de
formación de estudiantes.
Finalmente, otro elemento que se sugiere
considerar para futuras investigaciones es el nivel relacional; es decir,
considerar el impacto de las relaciones sociales, familiares, otros
emprendedores, instituciones o centros educacionales a fin de conocer la
influencia o el apoyo del contexto, más allá de lo económico, en las
motivaciones emprendedoras y en la conceptualización del emprendimiento.
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*Esta investigación se enmarca en el proyecto de instauración del Centro de Proyectos e Innovación Productiva HUBs del Instituto Profesional de Chile. Investigación realizada entre el 01 de octubre del 2021 y el 28 de febrero del 2022. Área: ciencias sociales. Subárea: educación.
Para
citar este artículo:
Quintano-Méndez, F., Riquelme-Segura, L., Morales-Pizarro, J.,
Balmaceda-Gallardo, I., & Manríquez-Bravo, G. (2025). Perfil emprendedor en
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